El 71,9% de los hogares consultados reconoce tener algún tipo de deuda. Entre quienes se encuentran endeudados, la tarjeta de crédito aparece como la principal herramienta de financiamiento, utilizada por el 37,2%. Le siguen los préstamos personales, con el 28,1%, y los créditos ofrecidos a través de billeteras virtuales, con el 9,9%.
El destino de esos préstamos también refleja las dificultades que atraviesan las familias. El 33,4% de los hogares tomó deuda para comprar alimentos o afrontar gastos corrientes, mientras que otro 25,9% lo hizo para refinanciar obligaciones anteriores.
En cambio, el endeudamiento destinado a la adquisición de bienes duraderos alcanza al 13,7%. Los porcentajes son todavía menores cuando se trata de financiar gastos relacionados con vivienda, salud o educación.
La presión sobre los ingresos también aparece entre los principales resultados del estudio. El 53,6% de los encuestados considera que su dinero ya no alcanza para cubrir sus necesidades con normalidad. Dentro de ese grupo, el 33,4% afirma que llega a fin de mes con dificultades y el 20,2% señala que enfrenta grandes problemas para afrontar sus gastos. Esta última proporción aumentó 1,5 puntos porcentuales respecto del mes anterior.
Al consultar cuáles son los principales problemas personales, la dificultad para llegar a fin de mes encabeza las respuestas, con el 24%. En segundo lugar aparecen los ingresos bajos, con el 20,4%, mientras que las dificultades vinculadas al endeudamiento familiar representan el 11,1%. En conjunto, las preocupaciones relacionadas con cuestiones económicas concentran el 71,4% de las respuestas.
La evaluación de la situación financiera personal también presenta un saldo negativo. El 37,5% de los consultados califica su situación como mala o muy mala, mientras que el 26% tiene una percepción positiva. Aunque la valoración desfavorable mostró una leve mejora desde junio, continúa siendo la predominante.
Las expectativas hacia adelante, sin embargo, presentan un escenario diferente. El 59,2% considera que la economía terminará mejorando, aunque buena parte de los encuestados no espera una recuperación inmediata. El 40,4% estima que la mejora llegará dentro de más de un año, mientras que el 34,8% considera que la situación económica no mejorará.
La percepción sobre el rumbo económico también muestra diferencias entre los encuestados. El 40,7% manifestó estar de acuerdo con la orientación económica del Gobierno, aunque dentro de ese grupo un 25,4% señaló que todavía no observa una mejora en su situación personal.
Por otro lado, el 53,1% expresó su desacuerdo con el rumbo económico y, al mismo tiempo, afirmó no percibir avances en sus finanzas domésticas.
Los resultados muestran así una diferencia entre las expectativas y la situación presente: mientras una parte de los hogares confía en una mejora futura de la economía, las dificultades actuales llevan a recurrir al crédito para afrontar consumos básicos y obligaciones mensuales. En ese contexto, la tarjeta de crédito adquiere un papel cada vez más ligado al financiamiento de gastos cotidianos, como alimentos, servicios y otros compromisos habituales.
El 71,9% de los hogares consultados reconoce tener algún tipo de deuda. Entre quienes se encuentran endeudados, la tarjeta de crédito aparece como la principal herramienta de financiamiento, utilizada por el 37,2%. Le siguen los préstamos personales, con el 28,1%, y los créditos ofrecidos a través de billeteras virtuales, con el 9,9%.
El destino de esos préstamos también refleja las dificultades que atraviesan las familias. El 33,4% de los hogares tomó deuda para comprar alimentos o afrontar gastos corrientes, mientras que otro 25,9% lo hizo para refinanciar obligaciones anteriores.
En cambio, el endeudamiento destinado a la adquisición de bienes duraderos alcanza al 13,7%. Los porcentajes son todavía menores cuando se trata de financiar gastos relacionados con vivienda, salud o educación.
La presión sobre los ingresos también aparece entre los principales resultados del estudio. El 53,6% de los encuestados considera que su dinero ya no alcanza para cubrir sus necesidades con normalidad. Dentro de ese grupo, el 33,4% afirma que llega a fin de mes con dificultades y el 20,2% señala que enfrenta grandes problemas para afrontar sus gastos. Esta última proporción aumentó 1,5 puntos porcentuales respecto del mes anterior.
Al consultar cuáles son los principales problemas personales, la dificultad para llegar a fin de mes encabeza las respuestas, con el 24%. En segundo lugar aparecen los ingresos bajos, con el 20,4%, mientras que las dificultades vinculadas al endeudamiento familiar representan el 11,1%. En conjunto, las preocupaciones relacionadas con cuestiones económicas concentran el 71,4% de las respuestas.
La evaluación de la situación financiera personal también presenta un saldo negativo. El 37,5% de los consultados califica su situación como mala o muy mala, mientras que el 26% tiene una percepción positiva. Aunque la valoración desfavorable mostró una leve mejora desde junio, continúa siendo la predominante.
Las expectativas hacia adelante, sin embargo, presentan un escenario diferente. El 59,2% considera que la economía terminará mejorando, aunque buena parte de los encuestados no espera una recuperación inmediata. El 40,4% estima que la mejora llegará dentro de más de un año, mientras que el 34,8% considera que la situación económica no mejorará.
La percepción sobre el rumbo económico también muestra diferencias entre los encuestados. El 40,7% manifestó estar de acuerdo con la orientación económica del Gobierno, aunque dentro de ese grupo un 25,4% señaló que todavía no observa una mejora en su situación personal.
Por otro lado, el 53,1% expresó su desacuerdo con el rumbo económico y, al mismo tiempo, afirmó no percibir avances en sus finanzas domésticas.
Los resultados muestran así una diferencia entre las expectativas y la situación presente: mientras una parte de los hogares confía en una mejora futura de la economía, las dificultades actuales llevan a recurrir al crédito para afrontar consumos básicos y obligaciones mensuales. En ese contexto, la tarjeta de crédito adquiere un papel cada vez más ligado al financiamiento de gastos cotidianos, como alimentos, servicios y otros compromisos habituales.













