Argentina enfrentó un debut complicado, pero logró vencer a Argelia 3-0, con tres goles de Messi, quien, con 16 tantos, alcanzó al alemán Miroslav Klose como máximo goleador en la historia de los Mundiales. Los números del primer tiempo evidenciaron una paridad notable: posesión equilibrada, tres remates para cada lado y un solo tiro a puerta. Sin embargo, fue suficiente para que Messi apareciera. Con un gran pase entre líneas de Rodrigo De Paul, el capitán se inventó un golazo que le dio la ventaja a la selección y le permitió marcar en su quinto partido consecutivo en un Mundial.
Hasta ese momento, el juego había sido cambiante, con un gol anulado para cada equipo: uno de Messi, por un offside ajustado, y otro de Fares Chaibi, también por posición adelantada. Estas dos jugadas anticiparon la dinámica del primer tiempo. Cada vez que Messi tocaba el balón, la sensación era que Argentina estaba cerca de marcar; pero cuando Argelia aceleraba y movía la pelota en los últimos metros, lograba crear espacios para filtrar pases peligrosos.
Después del primer gol, Argentina se hizo con el control del balón, aunque sin intensificar el ritmo, lo que le dificultó encontrar caminos ante un rival que se defendía de manera compacta, muy cerca del arquero Luca Zidane. Tal vez el recuerdo de la derrota ante Arabia Saudita en el Mundial de Qatar 2022 influenció la actitud del equipo, que, lejos de desesperarse por estar 2-0, prefirió mantener la posesión y el equilibrio defensivo, teniendo en cuenta que los jugadores africanos eran veloces y técnicamente hábiles, capaces de generar situaciones de gol con poco.
Luego del descanso para la hidratación, Argentina volvió desconectada, dificultándose encadenar pases y cediendo protagonismo a Argelia, que continuó acechando el área con pases que rompían líneas. En este panorama, la figura de Lisandro Martínez se hizo notar, justificando su inclusión en el equipo gracias a su velocidad para cubrir los laterales y anticiparse a los delanteros rivales.
Asimismo, Messi mostró la experiencia adquirida en cinco Mundiales, sabiendo cuándo acelerar, pausar o hacer circular la pelota para que Argentina mantuviera el control del partido. Esto ocurrió ante un estadio que lució casi lleno, con cerca del 90% de su capacidad ocupada por hinchas argentinos.
Los cambios realizados por Lionel Scaloni revitalizaron al equipo al comienzo del segundo tiempo. Ingresaron Julián Álvarez, Nicolás González y Nahuel Molina, otorgando a Argentina mayor movilidad, profundidad y velocidad en los metros finales. Esta nueva dinámica facilitó a Messi liberarse de marcas y acceder a más espacios, a pesar del desgaste físico que comenzaba a notarse. Con el respaldo de un excelente desempeño de Enzo Fernández, el siempre efectivo Rodrigo De Paul y un sólido segundo tiempo de Alexis Mac Allister, el capitán comenzó a construir su noche mágica.
Lo que siguió fue un espectáculo para los más de 67.000 hinchas que prácticamente llenaron el estadio y que, en algunos casos, desembolsaron hasta 2000 dólares por una entrada. Tuvieron la oportunidad de disfrutar una nueva exhibición de Messi y comenzar a soñar con un equipo que, poco a poco, parece acercarse a su mejor versión, a pesar de un primer tiempo con serias dudas y varios jugadores que aún no exhiben su máximo potencial físico y futbolístico.
Hasta el triunfo de Argentina, casi ninguno de los principales contendientes al título había logrado ganar en su debut, a excepción de Francia. Por lo tanto, la victoria trasciende los tres puntos: brinda tranquilidad en la tabla y refuerza la confianza de cara a los próximos desafíos. En el seno del cuerpo técnico se entendía que Argelia sería el rival más complicado en esta primera etapa, ya que posteriormente enfrentarán a Austria y Jordania en Dallas, y que un triunfo podía impulsar a un plantel que no llegaba en las mejores condiciones y requería una actuación convincente para reafirmarse. Lo logró a través del resultado, pero también con la personalidad para sostenerse en momentos complicados, la jerarquía propia de los campeones del mundo y la inagotable zurda de Messi. El capitán volvió a ser el protagonista central de la noche, dejando la impresión de que aún tiene mucho por ofrecer. Sin embargo, la selección todavía debe evolucionar y elevar su nivel para apoyarlo mejor, evitando que todo el peso recaiga sobre él y asegurando que esta historia, al igual que en Qatar, dependa tanto de la fuerza del equipo como del talento de su capitán.
Argentina enfrentó un debut complicado, pero logró vencer a Argelia 3-0, con tres goles de Messi, quien, con 16 tantos, alcanzó al alemán Miroslav Klose como máximo goleador en la historia de los Mundiales. Los números del primer tiempo evidenciaron una paridad notable: posesión equilibrada, tres remates para cada lado y un solo tiro a puerta. Sin embargo, fue suficiente para que Messi apareciera. Con un gran pase entre líneas de Rodrigo De Paul, el capitán se inventó un golazo que le dio la ventaja a la selección y le permitió marcar en su quinto partido consecutivo en un Mundial.
Hasta ese momento, el juego había sido cambiante, con un gol anulado para cada equipo: uno de Messi, por un offside ajustado, y otro de Fares Chaibi, también por posición adelantada. Estas dos jugadas anticiparon la dinámica del primer tiempo. Cada vez que Messi tocaba el balón, la sensación era que Argentina estaba cerca de marcar; pero cuando Argelia aceleraba y movía la pelota en los últimos metros, lograba crear espacios para filtrar pases peligrosos.
Después del primer gol, Argentina se hizo con el control del balón, aunque sin intensificar el ritmo, lo que le dificultó encontrar caminos ante un rival que se defendía de manera compacta, muy cerca del arquero Luca Zidane. Tal vez el recuerdo de la derrota ante Arabia Saudita en el Mundial de Qatar 2022 influenció la actitud del equipo, que, lejos de desesperarse por estar 2-0, prefirió mantener la posesión y el equilibrio defensivo, teniendo en cuenta que los jugadores africanos eran veloces y técnicamente hábiles, capaces de generar situaciones de gol con poco.
Luego del descanso para la hidratación, Argentina volvió desconectada, dificultándose encadenar pases y cediendo protagonismo a Argelia, que continuó acechando el área con pases que rompían líneas. En este panorama, la figura de Lisandro Martínez se hizo notar, justificando su inclusión en el equipo gracias a su velocidad para cubrir los laterales y anticiparse a los delanteros rivales.
Asimismo, Messi mostró la experiencia adquirida en cinco Mundiales, sabiendo cuándo acelerar, pausar o hacer circular la pelota para que Argentina mantuviera el control del partido. Esto ocurrió ante un estadio que lució casi lleno, con cerca del 90% de su capacidad ocupada por hinchas argentinos.
Los cambios realizados por Lionel Scaloni revitalizaron al equipo al comienzo del segundo tiempo. Ingresaron Julián Álvarez, Nicolás González y Nahuel Molina, otorgando a Argentina mayor movilidad, profundidad y velocidad en los metros finales. Esta nueva dinámica facilitó a Messi liberarse de marcas y acceder a más espacios, a pesar del desgaste físico que comenzaba a notarse. Con el respaldo de un excelente desempeño de Enzo Fernández, el siempre efectivo Rodrigo De Paul y un sólido segundo tiempo de Alexis Mac Allister, el capitán comenzó a construir su noche mágica.
Lo que siguió fue un espectáculo para los más de 67.000 hinchas que prácticamente llenaron el estadio y que, en algunos casos, desembolsaron hasta 2000 dólares por una entrada. Tuvieron la oportunidad de disfrutar una nueva exhibición de Messi y comenzar a soñar con un equipo que, poco a poco, parece acercarse a su mejor versión, a pesar de un primer tiempo con serias dudas y varios jugadores que aún no exhiben su máximo potencial físico y futbolístico.
Hasta el triunfo de Argentina, casi ninguno de los principales contendientes al título había logrado ganar en su debut, a excepción de Francia. Por lo tanto, la victoria trasciende los tres puntos: brinda tranquilidad en la tabla y refuerza la confianza de cara a los próximos desafíos. En el seno del cuerpo técnico se entendía que Argelia sería el rival más complicado en esta primera etapa, ya que posteriormente enfrentarán a Austria y Jordania en Dallas, y que un triunfo podía impulsar a un plantel que no llegaba en las mejores condiciones y requería una actuación convincente para reafirmarse. Lo logró a través del resultado, pero también con la personalidad para sostenerse en momentos complicados, la jerarquía propia de los campeones del mundo y la inagotable zurda de Messi. El capitán volvió a ser el protagonista central de la noche, dejando la impresión de que aún tiene mucho por ofrecer. Sin embargo, la selección todavía debe evolucionar y elevar su nivel para apoyarlo mejor, evitando que todo el peso recaiga sobre él y asegurando que esta historia, al igual que en Qatar, dependa tanto de la fuerza del equipo como del talento de su capitán.













