La expansión del maíz se produjo en distintas regiones del país y ocupó parte de las superficies que anteriormente estaban destinadas a la soja de primera. Durante el mismo período, la producción de esta oleaginosa cayó 27%, de 51 a 37 millones de toneladas.
El cambio también alcanzó al sorgo, que fue el único de los seis principales cultivos que registró una disminución en la producción. Pasó de 3,1 a 2,9 millones de toneladas, una baja del 7,9%.
En paralelo, el trigo aumentó su producción 33%, de 14 a 18,5 millones de toneladas, mientras que la soja de segunda creció 35%, de 10 a 14 millones de toneladas. Este último incremento estuvo asociado a una mayor incorporación de esquemas de doble cultivo.
El girasol y la cebada también mostraron fuertes avances porcentuales, aunque partían de volúmenes menores. La producción de girasol creció 77%, con 2,4 millones de toneladas adicionales, mientras que la cebada aumentó alrededor de 66%.
El resultado fue una producción agrícola más diversificada, con mayor participación de los cereales y de los cultivos de doble ciclo, mientras la soja de primera perdió peso dentro de la matriz productiva.
El crecimiento del maíz fue determinante para la expansión de la producción agrícola total, que pasó de 118 a 135 millones de toneladas entre las campañas analizadas. El cultivo avanzó especialmente en distintas zonas del centro y sur de Córdoba, donde se registraron fuertes aumentos en departamentos como Marcos Juárez, General Roca, Río Cuarto, Unión, Roque Sáenz Peña y Juárez Celman.
También se produjo una expansión significativa en el oeste de Buenos Aires, particularmente en zonas como Trenque Lauquen, Rivadavia y Coronel Suárez.
La soja de primera, en cambio, concentró las mayores pérdidas de volumen. En Córdoba, los principales retrocesos se registraron en Unión, Marcos Juárez y Río Cuarto. En Santa Fe, el departamento General López redujo su producción en 538.000 toneladas, mientras que Pergamino, en el norte bonaerense, registró una disminución de 426.000 toneladas.
Sin embargo, la menor producción de soja de primera no significó una reducción equivalente de la presencia de la oleaginosa en las rotaciones. Parte de ese volumen fue compensado por la soja de segunda, sembrada después de cultivos de invierno. El crecimiento de esta modalidad estuvo acompañado por una mayor superficie destinada al trigo, que permite incorporar un segundo cultivo en la misma campaña.
El trigo registró avances en Entre Ríos, el norte de Buenos Aires y el centro de Santa Fe, con incrementos destacados en zonas como 9 de Julio, Pergamino y Bragado. La soja de segunda también amplió su producción en Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
El sorgo fue el único de los principales granos que terminó la década con una caída productiva. Su volumen pasó de 3,1 a 2,9 millones de toneladas, mientras que perdió superficie frente al maíz en zonas como Río Cuarto, Río Segundo y General Roca.
La evolución también fue diferente según las regiones. El sur del país fue la zona que más incrementó su producción, con una suba del 41%, equivalente a 9,7 millones de toneladas adicionales. En esa región, el volumen de maíz prácticamente se triplicó.
En la Región Centro, la producción total aumentó 8%, aunque el cambio en la composición fue más marcado. La soja de primera cayó 28%, mientras que el maíz creció 44% y también avanzaron el trigo y la soja de segunda.
La Región Norte fue la única que registró una disminución de la producción total, con una caída del 3% entre las campañas 2014/15 y 2024/25.
La transformación de la matriz agrícola estuvo acompañada por cambios en las políticas y prácticas productivas, además de una mayor incorporación de tecnología y modificaciones en las condiciones de exportación.
Después de diez campañas, el maíz pasó a ocupar un lugar central en la producción agrícola argentina, mientras que la soja de primera perdió participación y ganaron espacio los cereales y los esquemas de doble cultivo.
La expansión del maíz se produjo en distintas regiones del país y ocupó parte de las superficies que anteriormente estaban destinadas a la soja de primera. Durante el mismo período, la producción de esta oleaginosa cayó 27%, de 51 a 37 millones de toneladas.
El cambio también alcanzó al sorgo, que fue el único de los seis principales cultivos que registró una disminución en la producción. Pasó de 3,1 a 2,9 millones de toneladas, una baja del 7,9%.
En paralelo, el trigo aumentó su producción 33%, de 14 a 18,5 millones de toneladas, mientras que la soja de segunda creció 35%, de 10 a 14 millones de toneladas. Este último incremento estuvo asociado a una mayor incorporación de esquemas de doble cultivo.
El girasol y la cebada también mostraron fuertes avances porcentuales, aunque partían de volúmenes menores. La producción de girasol creció 77%, con 2,4 millones de toneladas adicionales, mientras que la cebada aumentó alrededor de 66%.
El resultado fue una producción agrícola más diversificada, con mayor participación de los cereales y de los cultivos de doble ciclo, mientras la soja de primera perdió peso dentro de la matriz productiva.
El crecimiento del maíz fue determinante para la expansión de la producción agrícola total, que pasó de 118 a 135 millones de toneladas entre las campañas analizadas. El cultivo avanzó especialmente en distintas zonas del centro y sur de Córdoba, donde se registraron fuertes aumentos en departamentos como Marcos Juárez, General Roca, Río Cuarto, Unión, Roque Sáenz Peña y Juárez Celman.
También se produjo una expansión significativa en el oeste de Buenos Aires, particularmente en zonas como Trenque Lauquen, Rivadavia y Coronel Suárez.
La soja de primera, en cambio, concentró las mayores pérdidas de volumen. En Córdoba, los principales retrocesos se registraron en Unión, Marcos Juárez y Río Cuarto. En Santa Fe, el departamento General López redujo su producción en 538.000 toneladas, mientras que Pergamino, en el norte bonaerense, registró una disminución de 426.000 toneladas.
Sin embargo, la menor producción de soja de primera no significó una reducción equivalente de la presencia de la oleaginosa en las rotaciones. Parte de ese volumen fue compensado por la soja de segunda, sembrada después de cultivos de invierno. El crecimiento de esta modalidad estuvo acompañado por una mayor superficie destinada al trigo, que permite incorporar un segundo cultivo en la misma campaña.
El trigo registró avances en Entre Ríos, el norte de Buenos Aires y el centro de Santa Fe, con incrementos destacados en zonas como 9 de Julio, Pergamino y Bragado. La soja de segunda también amplió su producción en Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
El sorgo fue el único de los principales granos que terminó la década con una caída productiva. Su volumen pasó de 3,1 a 2,9 millones de toneladas, mientras que perdió superficie frente al maíz en zonas como Río Cuarto, Río Segundo y General Roca.
La evolución también fue diferente según las regiones. El sur del país fue la zona que más incrementó su producción, con una suba del 41%, equivalente a 9,7 millones de toneladas adicionales. En esa región, el volumen de maíz prácticamente se triplicó.
En la Región Centro, la producción total aumentó 8%, aunque el cambio en la composición fue más marcado. La soja de primera cayó 28%, mientras que el maíz creció 44% y también avanzaron el trigo y la soja de segunda.
La Región Norte fue la única que registró una disminución de la producción total, con una caída del 3% entre las campañas 2014/15 y 2024/25.
La transformación de la matriz agrícola estuvo acompañada por cambios en las políticas y prácticas productivas, además de una mayor incorporación de tecnología y modificaciones en las condiciones de exportación.
Después de diez campañas, el maíz pasó a ocupar un lugar central en la producción agrícola argentina, mientras que la soja de primera perdió participación y ganaron espacio los cereales y los esquemas de doble cultivo.













