Estas compañías, que incluyen a Apple, Microsoft, Alphabet/Google, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla, son tan grandes que en conjunto representan más del 30% del valor total del índice. Esta concentración provoca que el desempeño del S&P 500 no refleje la realidad empresarial general, sino que esté dominado por la euforia en torno a la Inteligencia Artificial de estas grandes tecnológicas. Como respuesta, los analistas han comenzado a considerar un indicador alternativo: el “S&P 493”.
Este no es un fondo cotizado oficial, sino un ejercicio analítico que busca excluir a las siete grandes tecnológicas de la ecuación. El resultado es un conjunto de 493 empresas que incluye bancos, automotrices, laboratorios y compañías industriales. Al separar estas compañías, el diagnóstico sobre la valoración cambia radicalmente: mientras las Siete Magníficas muestran un ratio de precio/ganancia que oscila entre 29 y 45 puntos, el S&P 493 se mueve en un promedio histórico más atractivo de 19 puntos.
Si se teme una burbuja en el sector tecnológico, son las otras empresas las que ofrecen una visión más precisa del estado actual de la economía. Analistas de Goldman Sachs sostienen que las condiciones macroeconómicas del presente favorecen a las organizaciones que alimentan la economía real. Según sus informes, un crecimiento sostenido por encima de la tendencia es especialmente beneficioso para el S&P 493, dada su alta sensibilidad a los ciclos económicos.
“La expectativa de un ritmo de crecimiento constante y por encima de la tendencia favorece el desempeño del S&P 493, que es mucho más sensible a los cambios en el ciclo económico real en comparación con el ecosistema de las 7 Magníficas”, afirmó un experto consultado. Desde el Comité de Inversiones Globales de una importante firma de servicios financieros, anticipan que la histórica brecha de ganancias entre las tecnológicas y el resto de las cotizantes está a punto de reducirse rápidamente.
Se observó que el crecimiento de las ganancias de las Siete Magníficas fue del 31% en 2023, mientras que el S&P 493 sufrió una caída del 4%. Para 2024, el crecimiento de las tecnológicas se proyecta en un 40%, en comparación con un modesto crecimiento del 4% de las otras 493 empresas. Durante los próximos trimestres, el consenso de Wall Street prevé una desaceleración en las tecnológicas con un crecimiento estimado del 20,3%, mientras que las firmas del S&P 493 mostrarían una aceleración con un promedio del 11,3%.
En este contexto, el S&P 500 se muestra como un índice caro, a diferencia del S&P 493 que resulta más accesible. Las Siete Magníficas suelen exhibir relaciones de precio/ganancia que superan los 40 o 50 puntos, insinuando valoraciones elevadas y un posible riesgo de burbuja. En contraste, el S&P 493 tiene un ratio histórico mucho más razonable de entre 18 y 19 puntos.
Para los inversionistas argentinos, esta distorsión es fundamental. Aquellos que adquieren un CEDEAR del índice S&P 500 (SPY) con la intención de diversificar su capital, en realidad están asumiendo un riesgo tecnológico elevado y costoso. Para mitigar una eventual corrección en el sector tecnológico sin abandonar la renta variable estadounidense, se aconseja a los asesores financieros locales la creación de un “S&P 493 propio”, utilizando CEDEARs de empresas en sectores más tradicionales como el consumo masivo, la industria o el sector bancario, que ofrecen múltiplos más accesibles y están mejor posicionados para captar la resiliencia de la economía estadounidense.
Entre los CEDEARs destacados para esta estrategia se encuentran importantes entidades financieras como JP Morgan (JPM) y Citigroup (C), grandes industrias como Caterpillar (CAT) y General Electric (GE), así como compañías de consumo como Coca-Cola (KO), Walmart (WMT) y Procter & Gamble (PG). Estos activos presentan múltiplos razonables, ofrecen dividendos constantes y no dependen de la volatilidad del ecosistema cripto ni de los algoritmos de Inteligencia Artificial.
Estas compañías, que incluyen a Apple, Microsoft, Alphabet/Google, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla, son tan grandes que en conjunto representan más del 30% del valor total del índice. Esta concentración provoca que el desempeño del S&P 500 no refleje la realidad empresarial general, sino que esté dominado por la euforia en torno a la Inteligencia Artificial de estas grandes tecnológicas. Como respuesta, los analistas han comenzado a considerar un indicador alternativo: el “S&P 493”.
Este no es un fondo cotizado oficial, sino un ejercicio analítico que busca excluir a las siete grandes tecnológicas de la ecuación. El resultado es un conjunto de 493 empresas que incluye bancos, automotrices, laboratorios y compañías industriales. Al separar estas compañías, el diagnóstico sobre la valoración cambia radicalmente: mientras las Siete Magníficas muestran un ratio de precio/ganancia que oscila entre 29 y 45 puntos, el S&P 493 se mueve en un promedio histórico más atractivo de 19 puntos.
Si se teme una burbuja en el sector tecnológico, son las otras empresas las que ofrecen una visión más precisa del estado actual de la economía. Analistas de Goldman Sachs sostienen que las condiciones macroeconómicas del presente favorecen a las organizaciones que alimentan la economía real. Según sus informes, un crecimiento sostenido por encima de la tendencia es especialmente beneficioso para el S&P 493, dada su alta sensibilidad a los ciclos económicos.
“La expectativa de un ritmo de crecimiento constante y por encima de la tendencia favorece el desempeño del S&P 493, que es mucho más sensible a los cambios en el ciclo económico real en comparación con el ecosistema de las 7 Magníficas”, afirmó un experto consultado. Desde el Comité de Inversiones Globales de una importante firma de servicios financieros, anticipan que la histórica brecha de ganancias entre las tecnológicas y el resto de las cotizantes está a punto de reducirse rápidamente.
Se observó que el crecimiento de las ganancias de las Siete Magníficas fue del 31% en 2023, mientras que el S&P 493 sufrió una caída del 4%. Para 2024, el crecimiento de las tecnológicas se proyecta en un 40%, en comparación con un modesto crecimiento del 4% de las otras 493 empresas. Durante los próximos trimestres, el consenso de Wall Street prevé una desaceleración en las tecnológicas con un crecimiento estimado del 20,3%, mientras que las firmas del S&P 493 mostrarían una aceleración con un promedio del 11,3%.
En este contexto, el S&P 500 se muestra como un índice caro, a diferencia del S&P 493 que resulta más accesible. Las Siete Magníficas suelen exhibir relaciones de precio/ganancia que superan los 40 o 50 puntos, insinuando valoraciones elevadas y un posible riesgo de burbuja. En contraste, el S&P 493 tiene un ratio histórico mucho más razonable de entre 18 y 19 puntos.
Para los inversionistas argentinos, esta distorsión es fundamental. Aquellos que adquieren un CEDEAR del índice S&P 500 (SPY) con la intención de diversificar su capital, en realidad están asumiendo un riesgo tecnológico elevado y costoso. Para mitigar una eventual corrección en el sector tecnológico sin abandonar la renta variable estadounidense, se aconseja a los asesores financieros locales la creación de un “S&P 493 propio”, utilizando CEDEARs de empresas en sectores más tradicionales como el consumo masivo, la industria o el sector bancario, que ofrecen múltiplos más accesibles y están mejor posicionados para captar la resiliencia de la economía estadounidense.
Entre los CEDEARs destacados para esta estrategia se encuentran importantes entidades financieras como JP Morgan (JPM) y Citigroup (C), grandes industrias como Caterpillar (CAT) y General Electric (GE), así como compañías de consumo como Coca-Cola (KO), Walmart (WMT) y Procter & Gamble (PG). Estos activos presentan múltiplos razonables, ofrecen dividendos constantes y no dependen de la volatilidad del ecosistema cripto ni de los algoritmos de Inteligencia Artificial.













