La historia de Maradona con la Selección Argentina es bien conocida. Desde sus inicios, formaba parte de la selección juvenil cuando fue convocado por Menotti para jugar contra Hungría el 27 de febrero de 1977. Ese año, sus participaciones con el equipo mayor fueron limitadas, aunque sí tuvo minutos en la juvenil. Un amistoso ante un equipo irlandés el 19 de abril de 1978, dejó a muchos con la sensación de que aún no era su momento, como expresó el análisis de la época: “Entró cuando empezó a caer el telón. No dio para juzgarlo”.
Luego de ese partido, Menotti se mostró reacio a la presión mediática, afirmando: “Maradona entrará cuando me parezca que es el momento oportuno y no cuando lo pida la tribuna”. Indicó que podría no figurar en la lista definitiva. Años después, en una comida con amigos, reconoció que tal vez había cometido un error al dejar de lado a Maradona, afirmando: “Por ahí me equivoqué”.
Después de discutir con sus asistentes, Menotti se dirigió a los jugadores para comunicarles su decisión: “Este momento era inevitable… Los que salen son Bravo, Maradona y Bottaniz. Me duele mucho tener que tomar esta decisión y no quiero entrar en detalles”. Quien quedó fuera fue, indudablemente, el célebre diez.
Diego, profundamente afectado, lloró desconsoladamente. Leopoldo Jacinto Luque, delantero del equipo campeón del mundo, lo consoló diciéndole: “Mirá, nene. Quedate tranquilo que vas a jugar tres o cuatro Mundiales”. Sin embargo, solo Bottaniz se quedó a entrenar con el grupo, mientras que ambos, Humberto Rafael Bravo y Maradona, abandonaron la concentración. Maradona más tarde reflejaría en su autobiografía: “No me quedé ni un segundo más ahí: yo ya no me sentía parte de ese grupo”.
Ante la cacería de la prensa, Menotti respondió: “Perdónenme, pero no voy a dar explicaciones. Simplemente tenía 25 jugadores y debía inscribir a 22. Había que excluir a tres”. La tensión del momento afectó aún a Menotti, quien decidió retirarse a su habitación tras la avalancha de preguntas.
Un periodista que seguía de cerca al equipo, al salir del predio esa noche fría, escuchó a Diego llorando bajo un árbol. Intentó consolarlo, y el joven Maradona compartió su angustia: “¿Cómo se lo digo a mi papá?”. Regresó a su hogar, donde continuó llorando, pero pronto volvió a entrenar y en un partido contra Chacarita se destacó al marcar tres goles en una contundente victoria de 5-0.
El 30 de octubre, al cumplir 18 años, Menotti le dio permiso para celebrar con su familia, consolidando una relación que, con el tiempo, sufriría cambios. Maradona recordaría más adelante en su autobiografía: “Ahí, cuando quedé afuera de la lista de veintidós, ‘porque era muy joven’, empecé a darme cuenta de que la bronca era un combustible para mí”. Su legado y pasión, desde aquel entonces, siguen siendo parte fundamental de la historia del fútbol argentino.
La historia de Maradona con la Selección Argentina es bien conocida. Desde sus inicios, formaba parte de la selección juvenil cuando fue convocado por Menotti para jugar contra Hungría el 27 de febrero de 1977. Ese año, sus participaciones con el equipo mayor fueron limitadas, aunque sí tuvo minutos en la juvenil. Un amistoso ante un equipo irlandés el 19 de abril de 1978, dejó a muchos con la sensación de que aún no era su momento, como expresó el análisis de la época: “Entró cuando empezó a caer el telón. No dio para juzgarlo”.
Luego de ese partido, Menotti se mostró reacio a la presión mediática, afirmando: “Maradona entrará cuando me parezca que es el momento oportuno y no cuando lo pida la tribuna”. Indicó que podría no figurar en la lista definitiva. Años después, en una comida con amigos, reconoció que tal vez había cometido un error al dejar de lado a Maradona, afirmando: “Por ahí me equivoqué”.
Después de discutir con sus asistentes, Menotti se dirigió a los jugadores para comunicarles su decisión: “Este momento era inevitable… Los que salen son Bravo, Maradona y Bottaniz. Me duele mucho tener que tomar esta decisión y no quiero entrar en detalles”. Quien quedó fuera fue, indudablemente, el célebre diez.
Diego, profundamente afectado, lloró desconsoladamente. Leopoldo Jacinto Luque, delantero del equipo campeón del mundo, lo consoló diciéndole: “Mirá, nene. Quedate tranquilo que vas a jugar tres o cuatro Mundiales”. Sin embargo, solo Bottaniz se quedó a entrenar con el grupo, mientras que ambos, Humberto Rafael Bravo y Maradona, abandonaron la concentración. Maradona más tarde reflejaría en su autobiografía: “No me quedé ni un segundo más ahí: yo ya no me sentía parte de ese grupo”.
Ante la cacería de la prensa, Menotti respondió: “Perdónenme, pero no voy a dar explicaciones. Simplemente tenía 25 jugadores y debía inscribir a 22. Había que excluir a tres”. La tensión del momento afectó aún a Menotti, quien decidió retirarse a su habitación tras la avalancha de preguntas.
Un periodista que seguía de cerca al equipo, al salir del predio esa noche fría, escuchó a Diego llorando bajo un árbol. Intentó consolarlo, y el joven Maradona compartió su angustia: “¿Cómo se lo digo a mi papá?”. Regresó a su hogar, donde continuó llorando, pero pronto volvió a entrenar y en un partido contra Chacarita se destacó al marcar tres goles en una contundente victoria de 5-0.
El 30 de octubre, al cumplir 18 años, Menotti le dio permiso para celebrar con su familia, consolidando una relación que, con el tiempo, sufriría cambios. Maradona recordaría más adelante en su autobiografía: “Ahí, cuando quedé afuera de la lista de veintidós, ‘porque era muy joven’, empecé a darme cuenta de que la bronca era un combustible para mí”. Su legado y pasión, desde aquel entonces, siguen siendo parte fundamental de la historia del fútbol argentino.












