El desarrollo fue realizado de manera conjunta por Grupo Arcor y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), a partir de casi una década de investigación y ensayos. La propuesta busca reemplazar parte del manejo tradicional, que requiere grandes volúmenes de tallos para implantar el cultivo, por unidades individuales que pueden distribuirse con mayor precisión.
Actualmente, la implantación de una hectárea demanda cerca de 12 toneladas de caña semilla cuando se utilizan métodos manuales y entre 18 y 20 toneladas en sistemas mecanizados. Con la nueva tecnología, esa necesidad podría bajar a entre una y dos toneladas por hectárea.
El procedimiento consiste en aislar cada yema y recubrirla con un material biodegradable que protege su viabilidad. De esta manera, las unidades pueden manipularse, almacenarse y trasladarse antes de su distribución en el terreno mediante equipos adaptados para la plantación.
La reducción del material vegetal también podría modificar la logística de las tareas agrícolas. Al necesitar menos caña semilla, disminuyen los volúmenes que deben cosecharse, cargarse y transportarse hasta los lotes. Además, la posibilidad de utilizar maquinaria de menor tamaño podría contribuir a reducir el consumo de combustible y la compactación del suelo.
Otro aspecto del sistema es la posibilidad de seleccionar y rastrear cada unidad de manera individual, lo que permite ajustar la densidad de plantación a las condiciones del cultivo. Durante las pruebas se evaluaron distintas configuraciones, con seis, ocho y 12 unidades por metro lineal.
La tecnología también apunta a mejorar el aprovechamiento de la materia prima dentro de la cadena sucroalcoholera. Al destinar menos caña al proceso de implantación, una mayor proporción de la biomasa podría quedar disponible para su transformación industrial en azúcar, etanol y otros derivados.
El método integra, además, las operaciones de surcado, colocación de las unidades y tapado en una sola etapa mecanizada. El objetivo es simplificar el trabajo en el campo y favorecer una distribución más uniforme de las plantas.
Tras el desarrollo y las pruebas, la tecnología ya cuenta con patentes en Argentina y Brasil, mientras que se tramitan solicitudes en otros países de América Latina. La próxima etapa estará enfocada en ampliar la escala de producción y explorar acuerdos de licencias para facilitar su llegada al mercado.
La iniciativa combina investigación agroindustrial y experiencia productiva con el objetivo de modificar una de las etapas iniciales del cultivo de caña de azúcar. Su implementación a mayor escala dependerá del avance del desarrollo industrial y de su incorporación a las condiciones reales de producción.
El desarrollo fue realizado de manera conjunta por Grupo Arcor y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), a partir de casi una década de investigación y ensayos. La propuesta busca reemplazar parte del manejo tradicional, que requiere grandes volúmenes de tallos para implantar el cultivo, por unidades individuales que pueden distribuirse con mayor precisión.
Actualmente, la implantación de una hectárea demanda cerca de 12 toneladas de caña semilla cuando se utilizan métodos manuales y entre 18 y 20 toneladas en sistemas mecanizados. Con la nueva tecnología, esa necesidad podría bajar a entre una y dos toneladas por hectárea.
El procedimiento consiste en aislar cada yema y recubrirla con un material biodegradable que protege su viabilidad. De esta manera, las unidades pueden manipularse, almacenarse y trasladarse antes de su distribución en el terreno mediante equipos adaptados para la plantación.
La reducción del material vegetal también podría modificar la logística de las tareas agrícolas. Al necesitar menos caña semilla, disminuyen los volúmenes que deben cosecharse, cargarse y transportarse hasta los lotes. Además, la posibilidad de utilizar maquinaria de menor tamaño podría contribuir a reducir el consumo de combustible y la compactación del suelo.
Otro aspecto del sistema es la posibilidad de seleccionar y rastrear cada unidad de manera individual, lo que permite ajustar la densidad de plantación a las condiciones del cultivo. Durante las pruebas se evaluaron distintas configuraciones, con seis, ocho y 12 unidades por metro lineal.
La tecnología también apunta a mejorar el aprovechamiento de la materia prima dentro de la cadena sucroalcoholera. Al destinar menos caña al proceso de implantación, una mayor proporción de la biomasa podría quedar disponible para su transformación industrial en azúcar, etanol y otros derivados.
El método integra, además, las operaciones de surcado, colocación de las unidades y tapado en una sola etapa mecanizada. El objetivo es simplificar el trabajo en el campo y favorecer una distribución más uniforme de las plantas.
Tras el desarrollo y las pruebas, la tecnología ya cuenta con patentes en Argentina y Brasil, mientras que se tramitan solicitudes en otros países de América Latina. La próxima etapa estará enfocada en ampliar la escala de producción y explorar acuerdos de licencias para facilitar su llegada al mercado.
La iniciativa combina investigación agroindustrial y experiencia productiva con el objetivo de modificar una de las etapas iniciales del cultivo de caña de azúcar. Su implementación a mayor escala dependerá del avance del desarrollo industrial y de su incorporación a las condiciones reales de producción.













