Durante la jornada del viernes, los contratos futuros del Brent, referencia internacional del mercado petrolero, se ubicaban apenas por encima de los 98 dólares por barril para entrega en enero. En tanto, el WTI estadounidense, con vencimiento en diciembre, operaba en torno a los 90 dólares.
Con estos valores, el Brent se encaminaba a cerrar la semana con una pérdida cercana al 16%, lo que representaría su mayor caída porcentual semanal desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y el retroceso más pronunciado en términos absolutos desde que existen registros comparables, en 1988. El WTI, por su parte, acumulaba una baja superior al 13%.
El movimiento estuvo relacionado con un cambio en las expectativas geopolíticas luego de los resultados electorales de medio término en Estados Unidos, donde el Partido Republicano del presidente Donald Trump sufrió derrotas. El resultado alimentó las perspectivas de una posible distensión en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, lo que podría facilitar una mayor circulación de petróleo desde Medio Oriente.
La posibilidad de una recuperación de las exportaciones regionales generó expectativas de mayor disponibilidad de crudo en el mercado internacional. A esto se sumaron señales de una incipiente sobreoferta, reflejadas en la reducción de las primas de los contratos físicos de petróleo de referencia de Medio Oriente, que volvieron a valores anteriores al inicio de las hostilidades.
El miércoles, el barril había registrado una caída cercana al 8% y alcanzado su menor cotización en dos meses, luego de la victoria demócrata en las elecciones estadounidenses. Sin embargo, los precios recuperaron posteriormente parte de las pérdidas ante una nueva escalada de ataques contra embarcaciones petroleras en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, una zona estratégica para el transporte internacional de hidrocarburos.
Los reportes de seguridad marítima indicaron que las agresiones contra buques petroleros continuaban a un ritmo cercano a los máximos históricos, lo que volvió a generar preocupación por posibles interrupciones en el suministro energético.
La caída del petróleo también tuvo consecuencias sobre las acciones argentinas vinculadas con la actividad hidrocarburífera. En el caso de YPF, sus certificados de depósito estadounidenses (ADR) negociados en Wall Street retrocedieron un 24% durante el último mes y quedaron cerca de los 38 dólares, su nivel más bajo desde el 17 de marzo.
Por su parte, Vista Energy, otra de las compañías con fuerte presencia en Vaca Muerta, acumuló una pérdida del 13,5% en el mismo período. Sus acciones cotizaban a 57,15 dólares, el valor más bajo desde el 18 de febrero.
El comportamiento de los activos energéticos se produjo en un contexto de movimientos dispares en los mercados internacionales. Mientras las expectativas de una menor escalada militar favorecieron a los bonos y a buena parte de las bolsas, las compañías vinculadas con el petróleo registraron fuertes retrocesos. A su vez, las acciones tecnológicas también atravesaron una jornada de importantes pérdidas.
El resultado electoral estadounidense introdujo además nuevas perspectivas sobre la política económica de la administración republicana. La posibilidad de una mayor dificultad para avanzar con su agenda legislativa durante los próximos dos años modificó las expectativas de los inversores respecto del gasto público, la política fiscal y la evolución de las tasas de interés.
En este escenario, los mercados comenzaron a contemplar una eventual reducción de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, una mayor confrontación política interna y posibles restricciones al desarrollo de infraestructura vinculada con la inteligencia artificial aparecen como factores que podrían incrementar la volatilidad y profundizar las diferencias de desempeño entre los distintos sectores económicos.
Para las empresas petroleras argentinas, la evolución del precio internacional del crudo será una variable central en los próximos meses, especialmente por su incidencia sobre las perspectivas de ingresos, inversiones y desarrollo de los proyectos hidrocarburíferos.
Durante la jornada del viernes, los contratos futuros del Brent, referencia internacional del mercado petrolero, se ubicaban apenas por encima de los 98 dólares por barril para entrega en enero. En tanto, el WTI estadounidense, con vencimiento en diciembre, operaba en torno a los 90 dólares.
Con estos valores, el Brent se encaminaba a cerrar la semana con una pérdida cercana al 16%, lo que representaría su mayor caída porcentual semanal desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y el retroceso más pronunciado en términos absolutos desde que existen registros comparables, en 1988. El WTI, por su parte, acumulaba una baja superior al 13%.
El movimiento estuvo relacionado con un cambio en las expectativas geopolíticas luego de los resultados electorales de medio término en Estados Unidos, donde el Partido Republicano del presidente Donald Trump sufrió derrotas. El resultado alimentó las perspectivas de una posible distensión en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, lo que podría facilitar una mayor circulación de petróleo desde Medio Oriente.
La posibilidad de una recuperación de las exportaciones regionales generó expectativas de mayor disponibilidad de crudo en el mercado internacional. A esto se sumaron señales de una incipiente sobreoferta, reflejadas en la reducción de las primas de los contratos físicos de petróleo de referencia de Medio Oriente, que volvieron a valores anteriores al inicio de las hostilidades.
El miércoles, el barril había registrado una caída cercana al 8% y alcanzado su menor cotización en dos meses, luego de la victoria demócrata en las elecciones estadounidenses. Sin embargo, los precios recuperaron posteriormente parte de las pérdidas ante una nueva escalada de ataques contra embarcaciones petroleras en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, una zona estratégica para el transporte internacional de hidrocarburos.
Los reportes de seguridad marítima indicaron que las agresiones contra buques petroleros continuaban a un ritmo cercano a los máximos históricos, lo que volvió a generar preocupación por posibles interrupciones en el suministro energético.
La caída del petróleo también tuvo consecuencias sobre las acciones argentinas vinculadas con la actividad hidrocarburífera. En el caso de YPF, sus certificados de depósito estadounidenses (ADR) negociados en Wall Street retrocedieron un 24% durante el último mes y quedaron cerca de los 38 dólares, su nivel más bajo desde el 17 de marzo.
Por su parte, Vista Energy, otra de las compañías con fuerte presencia en Vaca Muerta, acumuló una pérdida del 13,5% en el mismo período. Sus acciones cotizaban a 57,15 dólares, el valor más bajo desde el 18 de febrero.
El comportamiento de los activos energéticos se produjo en un contexto de movimientos dispares en los mercados internacionales. Mientras las expectativas de una menor escalada militar favorecieron a los bonos y a buena parte de las bolsas, las compañías vinculadas con el petróleo registraron fuertes retrocesos. A su vez, las acciones tecnológicas también atravesaron una jornada de importantes pérdidas.
El resultado electoral estadounidense introdujo además nuevas perspectivas sobre la política económica de la administración republicana. La posibilidad de una mayor dificultad para avanzar con su agenda legislativa durante los próximos dos años modificó las expectativas de los inversores respecto del gasto público, la política fiscal y la evolución de las tasas de interés.
En este escenario, los mercados comenzaron a contemplar una eventual reducción de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, una mayor confrontación política interna y posibles restricciones al desarrollo de infraestructura vinculada con la inteligencia artificial aparecen como factores que podrían incrementar la volatilidad y profundizar las diferencias de desempeño entre los distintos sectores económicos.
Para las empresas petroleras argentinas, la evolución del precio internacional del crudo será una variable central en los próximos meses, especialmente por su incidencia sobre las perspectivas de ingresos, inversiones y desarrollo de los proyectos hidrocarburíferos.













