Un análisis sobre la evolución del mercado laboral indicó que quienes perdieron un puesto registrado en el sector privado y lograron reinsertarse en la informalidad tuvieron, en promedio, una caída cercana al 14% en sus ingresos reales. La situación fue aún más negativa para aquellos que pasaron al trabajo por cuenta propia, con una reducción estimada cercana al 30%.
La informalidad funcionó como una alternativa frente a la disminución del empleo formal, tanto privado como público, y permitió contener un mayor aumento del desempleo. El crecimiento del trabajo asalariado no registrado y del cuentapropismo compensó parcialmente la caída de los puestos registrados.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de desempleo pasó del 6,9% en el primer trimestre de 2023 al 7,8% en el mismo período de 2026. En paralelo, la informalidad laboral aumentó del 40,8% registrado entre enero y marzo de 2024 al 44,2% en 2026.
Los registros oficiales del área laboral muestran que la pérdida de puestos de trabajo alcanzó los 235.419 empleos, una cifra similar a la observada durante la crisis laboral de 2018-2019.
Entre quienes tenían un empleo asalariado privado registrado y al año siguiente debieron cambiar de situación laboral, el 26% pasó al sector público, el 47% consiguió un puesto asalariado no registrado y el 27% se incorporó al trabajo independiente.
El cambio implicó, en la mayoría de los casos, una pérdida de ingresos reales. Los trabajadores que ingresaron al sector público registraron una caída promedio del 5% en su poder adquisitivo, mientras que quienes pasaron a empleos no registrados sufrieron una reducción cercana al 14%. En el caso de quienes comenzaron actividades por cuenta propia, la baja alcanzó aproximadamente el 28%.
El relevamiento también señaló que los únicos trabajadores que lograron mantener o mejorar sus ingresos fueron aquellos que continuaron dentro del empleo privado registrado, con una mejora real estimada del 2%.
Por el contrario, quienes pasaron al cuentapropismo fueron los más afectados, incluso entre aquellos que previamente tenían empleos no registrados, donde la caída de ingresos se ubicó cerca del 21%.
Dentro del sector público, el deterioro salarial también impactó de manera desigual. Los trabajadores estatales que provenían de empleos privados informales lograron una mejora cercana al 12%, mientras que quienes antes tenían empleos privados registrados sufrieron una caída superior al 5%. Los trabajadores independientes que ingresaron al Estado también registraron una reducción de ingresos.
El análisis advirtió además que los cambios en la normativa laboral podrían influir en la dinámica del empleo, al facilitar mecanismos de flexibilización, reducir costos asociados a la contratación y modificar las condiciones de desvinculación.
Según esa evaluación, en un contexto de baja actividad económica, menor producción y dificultades en las ventas, una mayor facilidad para finalizar relaciones laborales podría acelerar la pérdida de puestos formales. Al mismo tiempo, una reducción en los costos de contratación podría favorecer una mayor rotación de trabajadores y una menor permanencia promedio en los empleos.
De acuerdo con el informe, en un escenario de debilidad del sector productivo, estos factores podrían profundizar la rotación laboral y afectar la recuperación del empleo registrado.
Un análisis sobre la evolución del mercado laboral indicó que quienes perdieron un puesto registrado en el sector privado y lograron reinsertarse en la informalidad tuvieron, en promedio, una caída cercana al 14% en sus ingresos reales. La situación fue aún más negativa para aquellos que pasaron al trabajo por cuenta propia, con una reducción estimada cercana al 30%.
La informalidad funcionó como una alternativa frente a la disminución del empleo formal, tanto privado como público, y permitió contener un mayor aumento del desempleo. El crecimiento del trabajo asalariado no registrado y del cuentapropismo compensó parcialmente la caída de los puestos registrados.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de desempleo pasó del 6,9% en el primer trimestre de 2023 al 7,8% en el mismo período de 2026. En paralelo, la informalidad laboral aumentó del 40,8% registrado entre enero y marzo de 2024 al 44,2% en 2026.
Los registros oficiales del área laboral muestran que la pérdida de puestos de trabajo alcanzó los 235.419 empleos, una cifra similar a la observada durante la crisis laboral de 2018-2019.
Entre quienes tenían un empleo asalariado privado registrado y al año siguiente debieron cambiar de situación laboral, el 26% pasó al sector público, el 47% consiguió un puesto asalariado no registrado y el 27% se incorporó al trabajo independiente.
El cambio implicó, en la mayoría de los casos, una pérdida de ingresos reales. Los trabajadores que ingresaron al sector público registraron una caída promedio del 5% en su poder adquisitivo, mientras que quienes pasaron a empleos no registrados sufrieron una reducción cercana al 14%. En el caso de quienes comenzaron actividades por cuenta propia, la baja alcanzó aproximadamente el 28%.
El relevamiento también señaló que los únicos trabajadores que lograron mantener o mejorar sus ingresos fueron aquellos que continuaron dentro del empleo privado registrado, con una mejora real estimada del 2%.
Por el contrario, quienes pasaron al cuentapropismo fueron los más afectados, incluso entre aquellos que previamente tenían empleos no registrados, donde la caída de ingresos se ubicó cerca del 21%.
Dentro del sector público, el deterioro salarial también impactó de manera desigual. Los trabajadores estatales que provenían de empleos privados informales lograron una mejora cercana al 12%, mientras que quienes antes tenían empleos privados registrados sufrieron una caída superior al 5%. Los trabajadores independientes que ingresaron al Estado también registraron una reducción de ingresos.
El análisis advirtió además que los cambios en la normativa laboral podrían influir en la dinámica del empleo, al facilitar mecanismos de flexibilización, reducir costos asociados a la contratación y modificar las condiciones de desvinculación.
Según esa evaluación, en un contexto de baja actividad económica, menor producción y dificultades en las ventas, una mayor facilidad para finalizar relaciones laborales podría acelerar la pérdida de puestos formales. Al mismo tiempo, una reducción en los costos de contratación podría favorecer una mayor rotación de trabajadores y una menor permanencia promedio en los empleos.
De acuerdo con el informe, en un escenario de debilidad del sector productivo, estos factores podrían profundizar la rotación laboral y afectar la recuperación del empleo registrado.













