El sistema, denominado Cobro por Transferencia (CCT), comenzará a implementarse en un contexto marcado por el aumento de la morosidad y las dificultades que enfrentan los hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
La medida había sido anunciada en marzo y las entidades tenían plazo hasta el 31 de agosto para adaptar sus sistemas. Sin embargo, parte del sector financiero registró demoras en la implementación y, hasta el momento, el Banco Central no otorgó una extensión del plazo.
El mecanismo tiene un alcance específico. Los bancos y las fintech no podrán acceder libremente al dinero disponible en cualquiera de las cuentas del deudor. El débito solamente podrá efectuarse desde la cuenta en la que originalmente fueron depositados los fondos del préstamo.
Por ejemplo, si una fintech otorga un crédito y deposita el dinero en la cuenta bancaria del cliente, y este autoriza el mecanismo al contratar el préstamo, la entidad podrá solicitar el débito de la cuota desde esa misma cuenta cuando llegue la fecha de vencimiento.
Una de las principales novedades es que la entidad que otorgó el crédito puede ser diferente de aquella que administra la cuenta desde la que se realiza el pago. De esta manera, la cobranza deja de depender de que el cliente conserve dinero dentro de la plataforma de la entidad que le concedió el préstamo.
El cambio responde, en parte, a la creciente cantidad de cuentas utilizadas por los consumidores. Los datos disponibles sobre el sistema financiero muestran que el 72% de los usuarios, aproximadamente 27 millones de personas, posee tanto una cuenta bancaria como una billetera virtual. En promedio, cada argentino mantiene ocho cuentas abiertas: cuatro asociadas a CBU y otras cuatro a CVU.
La multiplicación de cuentas representa una dificultad para las entidades que otorgan créditos. Un usuario puede solicitar un préstamo mediante una aplicación, dejar de utilizar esa plataforma o mantenerla sin fondos y administrar posteriormente su dinero desde un banco u otra billetera virtual.
El CCT apunta a facilitar la recuperación de las cuotas en ese escenario, aunque no permite seguir el dinero del consumidor entre distintas cuentas. El acreedor únicamente podrá solicitar el débito sobre la cuenta en la que se acreditó originalmente el préstamo.
La implementación del mecanismo se produce además cuando aumentan las dificultades de los hogares para cumplir con sus obligaciones financieras. La evolución de la morosidad en préstamos personales y otras líneas de crédito se convirtió en uno de los temas de atención para el sistema financiero.
Frente a este escenario, el Banco Central estableció condiciones para limitar el alcance de los débitos. El consumidor debe otorgar un consentimiento previo y explícito, y puede revocarlo en cualquier momento.
Además, las cuotas deben mantenerse fijas y constantes durante la vigencia del crédito. El monto de cada débito tampoco podrá superar el 30% de los ingresos del cliente.
La entidad que realizará el cobro deberá, asimismo, informar al usuario con una anticipación mínima de 24 horas antes de efectuar cada débito.
El nuevo esquema busca facilitar el cumplimiento de los pagos y mejorar los mecanismos de cobranza en un sistema financiero donde los usuarios operan cada vez con más cuentas, aunque mantiene restricciones para evitar que las entidades puedan disponer libremente de los fondos de sus clientes.
El sistema, denominado Cobro por Transferencia (CCT), comenzará a implementarse en un contexto marcado por el aumento de la morosidad y las dificultades que enfrentan los hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
La medida había sido anunciada en marzo y las entidades tenían plazo hasta el 31 de agosto para adaptar sus sistemas. Sin embargo, parte del sector financiero registró demoras en la implementación y, hasta el momento, el Banco Central no otorgó una extensión del plazo.
El mecanismo tiene un alcance específico. Los bancos y las fintech no podrán acceder libremente al dinero disponible en cualquiera de las cuentas del deudor. El débito solamente podrá efectuarse desde la cuenta en la que originalmente fueron depositados los fondos del préstamo.
Por ejemplo, si una fintech otorga un crédito y deposita el dinero en la cuenta bancaria del cliente, y este autoriza el mecanismo al contratar el préstamo, la entidad podrá solicitar el débito de la cuota desde esa misma cuenta cuando llegue la fecha de vencimiento.
Una de las principales novedades es que la entidad que otorgó el crédito puede ser diferente de aquella que administra la cuenta desde la que se realiza el pago. De esta manera, la cobranza deja de depender de que el cliente conserve dinero dentro de la plataforma de la entidad que le concedió el préstamo.
El cambio responde, en parte, a la creciente cantidad de cuentas utilizadas por los consumidores. Los datos disponibles sobre el sistema financiero muestran que el 72% de los usuarios, aproximadamente 27 millones de personas, posee tanto una cuenta bancaria como una billetera virtual. En promedio, cada argentino mantiene ocho cuentas abiertas: cuatro asociadas a CBU y otras cuatro a CVU.
La multiplicación de cuentas representa una dificultad para las entidades que otorgan créditos. Un usuario puede solicitar un préstamo mediante una aplicación, dejar de utilizar esa plataforma o mantenerla sin fondos y administrar posteriormente su dinero desde un banco u otra billetera virtual.
El CCT apunta a facilitar la recuperación de las cuotas en ese escenario, aunque no permite seguir el dinero del consumidor entre distintas cuentas. El acreedor únicamente podrá solicitar el débito sobre la cuenta en la que se acreditó originalmente el préstamo.
La implementación del mecanismo se produce además cuando aumentan las dificultades de los hogares para cumplir con sus obligaciones financieras. La evolución de la morosidad en préstamos personales y otras líneas de crédito se convirtió en uno de los temas de atención para el sistema financiero.
Frente a este escenario, el Banco Central estableció condiciones para limitar el alcance de los débitos. El consumidor debe otorgar un consentimiento previo y explícito, y puede revocarlo en cualquier momento.
Además, las cuotas deben mantenerse fijas y constantes durante la vigencia del crédito. El monto de cada débito tampoco podrá superar el 30% de los ingresos del cliente.
La entidad que realizará el cobro deberá, asimismo, informar al usuario con una anticipación mínima de 24 horas antes de efectuar cada débito.
El nuevo esquema busca facilitar el cumplimiento de los pagos y mejorar los mecanismos de cobranza en un sistema financiero donde los usuarios operan cada vez con más cuentas, aunque mantiene restricciones para evitar que las entidades puedan disponer libremente de los fondos de sus clientes.













