El deterioro alcanza también al financiamiento empresarial. Después de cuatro meses de crecimiento, los préstamos destinados a empresas disminuyeron 0,8% mensual en términos reales. El comportamiento aparece asociado a una demanda moderada, que limita las decisiones de inversión y reduce la necesidad de tomar nuevo financiamiento.
En el caso de las tarjetas de crédito, los saldos mostraron un incremento nominal del 2,1% durante septiembre y llegaron a $25,6 billones. Frente al mismo mes del año anterior, cuando el saldo era de $21,6 billones, el crecimiento nominal alcanzó el 18,6%.
Sin embargo, la evolución cambia cuando se descuenta el efecto de la inflación. En términos reales, el saldo financiado mediante tarjetas registró una caída interanual del 11,1%. La tendencia también se mantiene en períodos más extensos: en los últimos tres meses el retroceso real fue del 3,8%, mientras que en el semestre llegó al 5,4%.
El aumento de la morosidad aparece como uno de los principales factores detrás de la retracción. Los bancos elevaron sus niveles de exigencia para otorgar nuevos préstamos ante el incremento de los incumplimientos, mientras que las familias también muestran una menor disposición a asumir nuevas deudas.
En el caso de las tarjetas, además, la cantidad de personas con pagos atrasados impactó sobre el volumen de la cartera. Los emisores redujeron los límites de crédito, lo que contribuyó a restringir el financiamiento disponible.
Los préstamos personales presentan una dinámica similar. En septiembre, el saldo aumentó 1,8% mensual en términos nominales y alcanzó los $22,3 billones. En la comparación interanual, el crecimiento fue del 22,7%, frente a los $18,1 billones registrados un año atrás.
Al descontar la inflación, sin embargo, el resultado vuelve a ser negativo: los préstamos personales cayeron 0,1% mensual en términos reales y acumularon una baja del 7,9% interanual.
La morosidad también condiciona esta línea de financiamiento. La dificultad de una parte de los deudores para cumplir con sus obligaciones frenó la actividad, mientras las entidades concentran esfuerzos en recuperar los créditos en situación de atraso.
Del lado de los usuarios, las condiciones para volver a endeudarse tampoco resultan favorables. El ingreso disponible, las tasas de interés y los plazos ofrecidos aparecen como factores que limitan la posibilidad de tomar nuevos préstamos.
Luego de dos meses consecutivos de retroceso, el financiamiento mediante tarjetas podría encontrar un punto de estabilización. Las promociones vinculadas con las ventas online aparecen como una de las alternativas que podrían impulsar nuevamente el consumo y generar un efecto similar sobre el crédito comercial.
Por ahora, los datos muestran que la retracción del financiamiento no se limita a un movimiento puntual de un mes. La caída acumulada en los últimos meses y el deterioro en términos reales reflejan una tendencia que se mantiene tanto en el crédito destinado a las familias como en el financiamiento de las empresas.
El deterioro alcanza también al financiamiento empresarial. Después de cuatro meses de crecimiento, los préstamos destinados a empresas disminuyeron 0,8% mensual en términos reales. El comportamiento aparece asociado a una demanda moderada, que limita las decisiones de inversión y reduce la necesidad de tomar nuevo financiamiento.
En el caso de las tarjetas de crédito, los saldos mostraron un incremento nominal del 2,1% durante septiembre y llegaron a $25,6 billones. Frente al mismo mes del año anterior, cuando el saldo era de $21,6 billones, el crecimiento nominal alcanzó el 18,6%.
Sin embargo, la evolución cambia cuando se descuenta el efecto de la inflación. En términos reales, el saldo financiado mediante tarjetas registró una caída interanual del 11,1%. La tendencia también se mantiene en períodos más extensos: en los últimos tres meses el retroceso real fue del 3,8%, mientras que en el semestre llegó al 5,4%.
El aumento de la morosidad aparece como uno de los principales factores detrás de la retracción. Los bancos elevaron sus niveles de exigencia para otorgar nuevos préstamos ante el incremento de los incumplimientos, mientras que las familias también muestran una menor disposición a asumir nuevas deudas.
En el caso de las tarjetas, además, la cantidad de personas con pagos atrasados impactó sobre el volumen de la cartera. Los emisores redujeron los límites de crédito, lo que contribuyó a restringir el financiamiento disponible.
Los préstamos personales presentan una dinámica similar. En septiembre, el saldo aumentó 1,8% mensual en términos nominales y alcanzó los $22,3 billones. En la comparación interanual, el crecimiento fue del 22,7%, frente a los $18,1 billones registrados un año atrás.
Al descontar la inflación, sin embargo, el resultado vuelve a ser negativo: los préstamos personales cayeron 0,1% mensual en términos reales y acumularon una baja del 7,9% interanual.
La morosidad también condiciona esta línea de financiamiento. La dificultad de una parte de los deudores para cumplir con sus obligaciones frenó la actividad, mientras las entidades concentran esfuerzos en recuperar los créditos en situación de atraso.
Del lado de los usuarios, las condiciones para volver a endeudarse tampoco resultan favorables. El ingreso disponible, las tasas de interés y los plazos ofrecidos aparecen como factores que limitan la posibilidad de tomar nuevos préstamos.
Luego de dos meses consecutivos de retroceso, el financiamiento mediante tarjetas podría encontrar un punto de estabilización. Las promociones vinculadas con las ventas online aparecen como una de las alternativas que podrían impulsar nuevamente el consumo y generar un efecto similar sobre el crédito comercial.
Por ahora, los datos muestran que la retracción del financiamiento no se limita a un movimiento puntual de un mes. La caída acumulada en los últimos meses y el deterioro en términos reales reflejan una tendencia que se mantiene tanto en el crédito destinado a las familias como en el financiamiento de las empresas.













