Los datos surgen de un estudio de una universidad pública, basado en información oficial. El relevamiento muestra además una fuerte diferencia entre trabajadores formales e informales en materia de pobreza: el 34,3% de los ocupados informales vive en hogares pobres, frente al 10% de los formales. En cuanto a la indigencia, las proporciones son de 5,2% y 1,2%, respectivamente.
La informalidad alcanza al 65,3% de los trabajadores por cuenta propia, casi el doble que entre los asalariados, donde llega al 37,9%. Al mismo tiempo, el peso del cuentapropismo sobre el total de ocupados aumentó de 21,1% a 24,5% en la última década, en detrimento del empleo asalariado.
El crecimiento del trabajo independiente también modificó su composición. Las mujeres representaban el 34,1% de los trabajadores por cuenta propia en el cuarto trimestre de 2016 y pasaron al 41,5% en el primer trimestre de 2026.
Entre los jóvenes también se profundizó la pérdida de empleo formal. La formalidad entre quienes tienen entre 19 y 25 años cayó del 43,5% al 34,8% durante el período analizado, una reducción mayor a la registrada entre los adultos de edades centrales.
Por actividad, la construcción y el servicio doméstico presentan los mayores niveles de informalidad, con alrededor de cuatro de cada cinco trabajadores sin registrar. Le siguen los servicios personales, la gastronomía y el comercio. En el extremo opuesto se encuentran la administración pública, las finanzas y la enseñanza, con niveles de formalidad mucho más elevados.
El empleo público registra una formalidad del 89,3%, frente al 49,5% del sector privado. La formalidad también aumenta con la edad: es menor entre los trabajadores más jóvenes y se estabiliza en las edades centrales.
La industria manufacturera, tradicionalmente vinculada al empleo registrado, también mostró un deterioro. Su nivel de informalidad pasó del 32,2% a fines de 2016 al 41,9% diez años después. En el comercio, que concentra la mayor cantidad de ocupados, aumentó del 53,8% al 59,5%.
El fenómeno presenta diferencias según el tipo de actividad independiente. Entre los trabajadores por cuenta propia de información y comunicación, la informalidad alcanza al 33,9%, mientras que entre quienes desarrollan servicios profesionales, científicos y técnicos se ubica en 19,2%. Los niveles más elevados se concentran en actividades vinculadas con oficios, comercio y servicios personales.
Los datos surgen de un estudio de una universidad pública, basado en información oficial. El relevamiento muestra además una fuerte diferencia entre trabajadores formales e informales en materia de pobreza: el 34,3% de los ocupados informales vive en hogares pobres, frente al 10% de los formales. En cuanto a la indigencia, las proporciones son de 5,2% y 1,2%, respectivamente.
La informalidad alcanza al 65,3% de los trabajadores por cuenta propia, casi el doble que entre los asalariados, donde llega al 37,9%. Al mismo tiempo, el peso del cuentapropismo sobre el total de ocupados aumentó de 21,1% a 24,5% en la última década, en detrimento del empleo asalariado.
El crecimiento del trabajo independiente también modificó su composición. Las mujeres representaban el 34,1% de los trabajadores por cuenta propia en el cuarto trimestre de 2016 y pasaron al 41,5% en el primer trimestre de 2026.
Entre los jóvenes también se profundizó la pérdida de empleo formal. La formalidad entre quienes tienen entre 19 y 25 años cayó del 43,5% al 34,8% durante el período analizado, una reducción mayor a la registrada entre los adultos de edades centrales.
Por actividad, la construcción y el servicio doméstico presentan los mayores niveles de informalidad, con alrededor de cuatro de cada cinco trabajadores sin registrar. Le siguen los servicios personales, la gastronomía y el comercio. En el extremo opuesto se encuentran la administración pública, las finanzas y la enseñanza, con niveles de formalidad mucho más elevados.
El empleo público registra una formalidad del 89,3%, frente al 49,5% del sector privado. La formalidad también aumenta con la edad: es menor entre los trabajadores más jóvenes y se estabiliza en las edades centrales.
La industria manufacturera, tradicionalmente vinculada al empleo registrado, también mostró un deterioro. Su nivel de informalidad pasó del 32,2% a fines de 2016 al 41,9% diez años después. En el comercio, que concentra la mayor cantidad de ocupados, aumentó del 53,8% al 59,5%.
El fenómeno presenta diferencias según el tipo de actividad independiente. Entre los trabajadores por cuenta propia de información y comunicación, la informalidad alcanza al 33,9%, mientras que entre quienes desarrollan servicios profesionales, científicos y técnicos se ubica en 19,2%. Los niveles más elevados se concentran en actividades vinculadas con oficios, comercio y servicios personales.












