La autorización fue anunciada por el secretario de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, y se conoció pocas horas después de que la administración de Javier Milei avanzara con su reclamo internacional. La iniciativa argentina solicita la apertura de un procedimiento de arbitraje por la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental de la Cuenca Malvinas Norte.
El Ejecutivo había dado plazo hasta el día anterior para que Londres detuviera el proyecto. Ante la falta de una respuesta favorable, presentó el reclamo ante el tribunal con sede en Hamburgo, Alemania, e incluyó una solicitud de medidas provisionales para interrumpir las actividades hidrocarburíferas en la zona.
El proyecto está a cargo de la israelí Navitas y la británica Rockhopper, que prevén comenzar la producción el próximo año. De acuerdo con las estimaciones difundidas por las compañías, el yacimiento podría alcanzar una producción de hasta 180.000 barriles diarios.
La decisión británica se apoya en la Ordenanza de Minerales Costa Afuera de las Malvinas de 1994, que regula las actividades de exploración y producción de petróleo y gas en las aguas del archipiélago. Ese marco normativo establece que el gobernador puede conceder licencias para esas operaciones con la aprobación del secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido.
La autorización también generó cuestionamientos en el ámbito político británico por el contraste con la política energética aplicada en el Mar del Norte, donde el Gobierno había frenado nuevas exploraciones de petróleo y gas. Desde la oposición conservadora, el responsable de Energía cuestionó que se habiliten perforaciones en el Atlántico Sur mientras continúan las restricciones a proyectos frente a las costas escocesas.
El avance de Sea Lion representa un nuevo punto de tensión en la relación bilateral, en momentos en que el Gobierno argentino busca reforzar el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas en el plano internacional. La presentación ante el tribunal forma parte de esa estrategia, aunque la autorización británica mantiene vigente el desarrollo del proyecto petrolero.
El yacimiento se encuentra a unos 240 kilómetros al norte de las islas, en aguas de aproximadamente 500 metros de profundidad. Navitas inició perforaciones a comienzos de este año y proyecta desarrollar 23 pozos en el sector norte del área, con el uso de dos buques destinados al procesamiento y transporte del petróleo extraído.
La autorización fue anunciada por el secretario de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, y se conoció pocas horas después de que la administración de Javier Milei avanzara con su reclamo internacional. La iniciativa argentina solicita la apertura de un procedimiento de arbitraje por la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental de la Cuenca Malvinas Norte.
El Ejecutivo había dado plazo hasta el día anterior para que Londres detuviera el proyecto. Ante la falta de una respuesta favorable, presentó el reclamo ante el tribunal con sede en Hamburgo, Alemania, e incluyó una solicitud de medidas provisionales para interrumpir las actividades hidrocarburíferas en la zona.
El proyecto está a cargo de la israelí Navitas y la británica Rockhopper, que prevén comenzar la producción el próximo año. De acuerdo con las estimaciones difundidas por las compañías, el yacimiento podría alcanzar una producción de hasta 180.000 barriles diarios.
La decisión británica se apoya en la Ordenanza de Minerales Costa Afuera de las Malvinas de 1994, que regula las actividades de exploración y producción de petróleo y gas en las aguas del archipiélago. Ese marco normativo establece que el gobernador puede conceder licencias para esas operaciones con la aprobación del secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido.
La autorización también generó cuestionamientos en el ámbito político británico por el contraste con la política energética aplicada en el Mar del Norte, donde el Gobierno había frenado nuevas exploraciones de petróleo y gas. Desde la oposición conservadora, el responsable de Energía cuestionó que se habiliten perforaciones en el Atlántico Sur mientras continúan las restricciones a proyectos frente a las costas escocesas.
El avance de Sea Lion representa un nuevo punto de tensión en la relación bilateral, en momentos en que el Gobierno argentino busca reforzar el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas en el plano internacional. La presentación ante el tribunal forma parte de esa estrategia, aunque la autorización británica mantiene vigente el desarrollo del proyecto petrolero.
El yacimiento se encuentra a unos 240 kilómetros al norte de las islas, en aguas de aproximadamente 500 metros de profundidad. Navitas inició perforaciones a comienzos de este año y proyecta desarrollar 23 pozos en el sector norte del área, con el uso de dos buques destinados al procesamiento y transporte del petróleo extraído.













