Uno de los ejes del debate fue la posibilidad de aumentar la producción argentina de proteínas animales y aprovechar el crecimiento de la demanda internacional. En ese marco, se destacó la complementariedad entre las carnes vacuna y porcina y la necesidad de generar condiciones que permitan incrementar las exportaciones.
Desde el sector porcino se señaló que la Argentina cuenta con margen para convertirse en un actor de mayor peso en el mercado mundial de proteínas cárnicas, siempre que se establezcan políticas estables. La combinación entre una mayor producción de cerdo y el desarrollo de la ganadería vacuna, según esa mirada, permitiría alcanzar niveles de exportación significativamente superiores a los actuales.
En el caso de la carne vacuna, uno de los principales desafíos consiste en producir animales de calidad que puedan abastecer simultáneamente al mercado argentino y a los compradores internacionales. La propuesta es que los frigoríficos puedan destinar cada corte al mercado que mejor lo remunere o que tenga mayor demanda, en lugar de establecer una división rígida entre producción para consumo interno y exportación.
Ese esquema permitiría mejorar el valor obtenido por los productores y estimular la producción de animales de mayor calidad. Algunos cortes tienen una fuerte demanda en el mercado local, mientras que otros pueden encontrar mejores oportunidades comerciales en el exterior.
La evolución del consumo también aparece como un factor relevante. La ingesta de proteínas animales en Argentina ronda los 110 kilos por habitante al año, pero la composición de ese consumo está cambiando. La participación de la carne vacuna disminuyó y otras variedades, particularmente la carne porcina, ganaron espacio.
A nivel mundial, la distribución es diferente: aproximadamente el 40% del consumo de carne corresponde al pollo, el 30% al cerdo, el 20% a la carne vacuna y el 10% restante a otras variedades. Argentina todavía presenta una participación mucho mayor de carne vacuna, aunque avanza gradualmente hacia una composición más cercana a la tendencia internacional.
El crecimiento de la carne porcina fue planteado como una oportunidad complementaria y no como una competencia directa para la carne vacuna. Su consumo registra aumentos de dos dígitos anuales y, además del mercado interno, existe margen para ampliar las exportaciones.
Para sostener esa expansión, uno de los aspectos señalados fue la necesidad de mejorar la genética y controlar los costos. En la producción porcina, el maíz representa aproximadamente el 80% del costo de alimentación, por lo que la disponibilidad de este insumo constituye una ventaja para la Argentina.
La previsibilidad aparece, en paralelo, como una de las principales condiciones para atraer inversiones. Desde el sector se cuestionaron los efectos que pueden generar los cambios en las decisiones gubernamentales sobre las operaciones de exportación y las relaciones comerciales construidas con compradores internacionales. La modificación de las reglas, según esta posición, puede afectar inversiones y mercados desarrollados durante años.
También se planteó la necesidad de ampliar el número de destinos para las carnes argentinas. Asia aparece como una de las regiones con mayor potencial, debido al crecimiento de países como China, Vietnam, Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia y Singapur y al incremento de su consumo de carne.
Para avanzar sobre esos mercados, el sector considera necesario profundizar los acuerdos sanitarios y comerciales y mejorar las condiciones arancelarias. En ese punto, se mencionó como referencia la situación de Chile, que cuenta con una mayor cantidad de tratados de libre comercio con preferencias arancelarias. También se señaló el desafío que representa acceder a mercados como Japón en condiciones competitivas.
La trazabilidad y el bienestar animal forman parte de las nuevas exigencias de los compradores. La industria frigorífica argentina cuenta con experiencia en sistemas de trazabilidad debido a los requerimientos establecidos para ingresar al mercado europeo. Actualmente existen establecimientos que trabajan con identificación individual de los animales y seguimiento durante el proceso hasta los cortes destinados al mercado interno o a la exportación.
Estos mecanismos también pueden favorecer a los productores que invierten en genética y calidad. Entre las alternativas se mencionó el desarrollo del marmoleo y el potencial del rodeo Angus argentino. Además, un estudio citado durante el encuentro señaló que el consumo de carne de alta calidad en China aumenta a un ritmo tres veces superior al de la carne convencional.
El bienestar animal también adquiere importancia para acceder a determinados mercados. En el sector porcino existen establecimientos que cuentan desde hace años con certificaciones específicas para el proceso de faena, una exigencia que plantean algunos compradores internacionales y que puede contribuir a generar nuevas oportunidades comerciales.
Desde la perspectiva de los productores ganaderos, el escenario combina una mayor demanda mundial y precios que pueden generar oportunidades, aunque también plantea la necesidad de recuperar más de un millón de terneros que se perdieron durante los últimos años.
A su vez, las exigencias de los consumidores tienen cada vez más peso en la producción. La trazabilidad y el bienestar animal permiten responder a una demanda que busca conocer el origen de la carne, la alimentación recibida por los animales y las condiciones en las que fueron criados y tratados.
En ese contexto, desde la industria también se cuestionó el volumen de cargas administrativas y tributarias que deben afrontar las empresas a nivel provincial y municipal. La reducción de esos obstáculos fue planteada como otra de las condiciones necesarias para incentivar nuevas inversiones y acompañar el crecimiento de la producción y las exportaciones.
Uno de los ejes del debate fue la posibilidad de aumentar la producción argentina de proteínas animales y aprovechar el crecimiento de la demanda internacional. En ese marco, se destacó la complementariedad entre las carnes vacuna y porcina y la necesidad de generar condiciones que permitan incrementar las exportaciones.
Desde el sector porcino se señaló que la Argentina cuenta con margen para convertirse en un actor de mayor peso en el mercado mundial de proteínas cárnicas, siempre que se establezcan políticas estables. La combinación entre una mayor producción de cerdo y el desarrollo de la ganadería vacuna, según esa mirada, permitiría alcanzar niveles de exportación significativamente superiores a los actuales.
En el caso de la carne vacuna, uno de los principales desafíos consiste en producir animales de calidad que puedan abastecer simultáneamente al mercado argentino y a los compradores internacionales. La propuesta es que los frigoríficos puedan destinar cada corte al mercado que mejor lo remunere o que tenga mayor demanda, en lugar de establecer una división rígida entre producción para consumo interno y exportación.
Ese esquema permitiría mejorar el valor obtenido por los productores y estimular la producción de animales de mayor calidad. Algunos cortes tienen una fuerte demanda en el mercado local, mientras que otros pueden encontrar mejores oportunidades comerciales en el exterior.
La evolución del consumo también aparece como un factor relevante. La ingesta de proteínas animales en Argentina ronda los 110 kilos por habitante al año, pero la composición de ese consumo está cambiando. La participación de la carne vacuna disminuyó y otras variedades, particularmente la carne porcina, ganaron espacio.
A nivel mundial, la distribución es diferente: aproximadamente el 40% del consumo de carne corresponde al pollo, el 30% al cerdo, el 20% a la carne vacuna y el 10% restante a otras variedades. Argentina todavía presenta una participación mucho mayor de carne vacuna, aunque avanza gradualmente hacia una composición más cercana a la tendencia internacional.
El crecimiento de la carne porcina fue planteado como una oportunidad complementaria y no como una competencia directa para la carne vacuna. Su consumo registra aumentos de dos dígitos anuales y, además del mercado interno, existe margen para ampliar las exportaciones.
Para sostener esa expansión, uno de los aspectos señalados fue la necesidad de mejorar la genética y controlar los costos. En la producción porcina, el maíz representa aproximadamente el 80% del costo de alimentación, por lo que la disponibilidad de este insumo constituye una ventaja para la Argentina.
La previsibilidad aparece, en paralelo, como una de las principales condiciones para atraer inversiones. Desde el sector se cuestionaron los efectos que pueden generar los cambios en las decisiones gubernamentales sobre las operaciones de exportación y las relaciones comerciales construidas con compradores internacionales. La modificación de las reglas, según esta posición, puede afectar inversiones y mercados desarrollados durante años.
También se planteó la necesidad de ampliar el número de destinos para las carnes argentinas. Asia aparece como una de las regiones con mayor potencial, debido al crecimiento de países como China, Vietnam, Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia y Singapur y al incremento de su consumo de carne.
Para avanzar sobre esos mercados, el sector considera necesario profundizar los acuerdos sanitarios y comerciales y mejorar las condiciones arancelarias. En ese punto, se mencionó como referencia la situación de Chile, que cuenta con una mayor cantidad de tratados de libre comercio con preferencias arancelarias. También se señaló el desafío que representa acceder a mercados como Japón en condiciones competitivas.
La trazabilidad y el bienestar animal forman parte de las nuevas exigencias de los compradores. La industria frigorífica argentina cuenta con experiencia en sistemas de trazabilidad debido a los requerimientos establecidos para ingresar al mercado europeo. Actualmente existen establecimientos que trabajan con identificación individual de los animales y seguimiento durante el proceso hasta los cortes destinados al mercado interno o a la exportación.
Estos mecanismos también pueden favorecer a los productores que invierten en genética y calidad. Entre las alternativas se mencionó el desarrollo del marmoleo y el potencial del rodeo Angus argentino. Además, un estudio citado durante el encuentro señaló que el consumo de carne de alta calidad en China aumenta a un ritmo tres veces superior al de la carne convencional.
El bienestar animal también adquiere importancia para acceder a determinados mercados. En el sector porcino existen establecimientos que cuentan desde hace años con certificaciones específicas para el proceso de faena, una exigencia que plantean algunos compradores internacionales y que puede contribuir a generar nuevas oportunidades comerciales.
Desde la perspectiva de los productores ganaderos, el escenario combina una mayor demanda mundial y precios que pueden generar oportunidades, aunque también plantea la necesidad de recuperar más de un millón de terneros que se perdieron durante los últimos años.
A su vez, las exigencias de los consumidores tienen cada vez más peso en la producción. La trazabilidad y el bienestar animal permiten responder a una demanda que busca conocer el origen de la carne, la alimentación recibida por los animales y las condiciones en las que fueron criados y tratados.
En ese contexto, desde la industria también se cuestionó el volumen de cargas administrativas y tributarias que deben afrontar las empresas a nivel provincial y municipal. La reducción de esos obstáculos fue planteada como otra de las condiciones necesarias para incentivar nuevas inversiones y acompañar el crecimiento de la producción y las exportaciones.













