Sáenz sostuvo que los tiempos de la política se adelantaron respecto de las preocupaciones de la sociedad y señaló que la agenda de la población está concentrada en cuestiones económicas concretas, como llegar a fin de mes, afrontar el costo de la educación, el endeudamiento de las tarjetas de crédito y el acceso a la cobertura médica y los medicamentos.
En ese sentido, consideró que la dirigencia debería concentrarse en los problemas de la microeconomía y en mejorar el ingreso disponible de las familias. También vinculó esta situación con la llegada de inversiones y sostuvo que para atraer capitales es necesario generar confianza, previsibilidad y seriedad.
El mandatario salteño cuestionó además las posiciones políticas consideradas extremas y señaló que un clima marcado por discursos de uno y otro lado genera incertidumbre y puede desalentar las inversiones, incluso las de ciudadanos argentinos.
Al evaluar la gestión de Javier Milei, Sáenz reconoció como aspectos positivos la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal, aunque consideró necesario encontrar un punto de equilibrio entre las variables macroeconómicas y los problemas cotidianos de la población.
Para el gobernador, la sociedad no está enfocada en las etiquetas ideológicas sino en encontrar soluciones concretas. En ese marco, sostuvo que la dirigencia debe actuar con humildad, escuchar distintas posiciones y reconocer los errores cuando sea necesario.
Sáenz también cuestionó la dificultad para identificar actualmente un espacio opositor definido. Según planteó, el resultado electoral mostró un rechazo a la situación anterior, pero eso no implica necesariamente una plena conformidad con el presente. En su análisis, una parte de la sociedad no quiere regresar al pasado, aunque tampoco se encuentra satisfecha con la situación actual.
Respecto de una eventual alternativa electoral, el gobernador planteó que podría surgir de un dirigente por fuera de la política tradicional o de un dirigente político con una posición alejada de los extremos. Para Sáenz, la prioridad debería estar puesta en el sentido común, la capacidad de escuchar y la empatía antes que en las identificaciones ideológicas.
El mandatario también rechazó que el debate electoral quede reducido a descalificar a dirigentes por sus posiciones políticas. En cambio, sostuvo que la sociedad busca dirigentes capaces de tomar decisiones que beneficien a la población, incluso cuando esas decisiones no coincidan con sus propias convicciones.
Sáenz se ubicó dentro de esa posición intermedia y explicó que su perfil político se caracteriza por el diálogo. Señaló que acompaña las medidas que considera convenientes, pero que mantiene una postura firme cuando entiende que determinadas decisiones pueden perjudicar a la provincia o a sus habitantes.
De cara al próximo proceso electoral, el gobernador evitó anticipar definiciones y sostuvo que todavía no está claro el escenario. En ese sentido, señaló que habrá que observar qué decisiones toman los dirigentes nacionales y recordó que también existen gobernadores con posibilidades de competir por cargos nacionales.
En lugar de anticipar una candidatura individual, Sáenz planteó que la definición debería surgir de un acuerdo entre los gobernadores. Según su postura, no debería haber lugar para personalismos y la eventual candidatura tendría que surgir de un consenso que permita determinar quién está en mejores condiciones de representar a ese espacio.
El gobernador también recordó la experiencia de la Liga de Gobernadores y consideró que ese proceso se adelantó demasiado porque varios de sus integrantes comenzaron a plantear tempranamente sus aspiraciones presidenciales. A su entender, cuando varios gobernadores buscan simultáneamente convertirse en candidatos, las posibilidades de alcanzar un acuerdo se reducen.
Por último, Sáenz volvió a advertir que ningún dirigente tiene garantizado el voto de la sociedad. Vinculó esa incertidumbre con el nivel de hartazgo y desesperanza existente entre los ciudadanos y con la distancia entre las promesas realizadas por los políticos y los resultados posteriores.
Sáenz sostuvo que los tiempos de la política se adelantaron respecto de las preocupaciones de la sociedad y señaló que la agenda de la población está concentrada en cuestiones económicas concretas, como llegar a fin de mes, afrontar el costo de la educación, el endeudamiento de las tarjetas de crédito y el acceso a la cobertura médica y los medicamentos.
En ese sentido, consideró que la dirigencia debería concentrarse en los problemas de la microeconomía y en mejorar el ingreso disponible de las familias. También vinculó esta situación con la llegada de inversiones y sostuvo que para atraer capitales es necesario generar confianza, previsibilidad y seriedad.
El mandatario salteño cuestionó además las posiciones políticas consideradas extremas y señaló que un clima marcado por discursos de uno y otro lado genera incertidumbre y puede desalentar las inversiones, incluso las de ciudadanos argentinos.
Al evaluar la gestión de Javier Milei, Sáenz reconoció como aspectos positivos la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal, aunque consideró necesario encontrar un punto de equilibrio entre las variables macroeconómicas y los problemas cotidianos de la población.
Para el gobernador, la sociedad no está enfocada en las etiquetas ideológicas sino en encontrar soluciones concretas. En ese marco, sostuvo que la dirigencia debe actuar con humildad, escuchar distintas posiciones y reconocer los errores cuando sea necesario.
Sáenz también cuestionó la dificultad para identificar actualmente un espacio opositor definido. Según planteó, el resultado electoral mostró un rechazo a la situación anterior, pero eso no implica necesariamente una plena conformidad con el presente. En su análisis, una parte de la sociedad no quiere regresar al pasado, aunque tampoco se encuentra satisfecha con la situación actual.
Respecto de una eventual alternativa electoral, el gobernador planteó que podría surgir de un dirigente por fuera de la política tradicional o de un dirigente político con una posición alejada de los extremos. Para Sáenz, la prioridad debería estar puesta en el sentido común, la capacidad de escuchar y la empatía antes que en las identificaciones ideológicas.
El mandatario también rechazó que el debate electoral quede reducido a descalificar a dirigentes por sus posiciones políticas. En cambio, sostuvo que la sociedad busca dirigentes capaces de tomar decisiones que beneficien a la población, incluso cuando esas decisiones no coincidan con sus propias convicciones.
Sáenz se ubicó dentro de esa posición intermedia y explicó que su perfil político se caracteriza por el diálogo. Señaló que acompaña las medidas que considera convenientes, pero que mantiene una postura firme cuando entiende que determinadas decisiones pueden perjudicar a la provincia o a sus habitantes.
De cara al próximo proceso electoral, el gobernador evitó anticipar definiciones y sostuvo que todavía no está claro el escenario. En ese sentido, señaló que habrá que observar qué decisiones toman los dirigentes nacionales y recordó que también existen gobernadores con posibilidades de competir por cargos nacionales.
En lugar de anticipar una candidatura individual, Sáenz planteó que la definición debería surgir de un acuerdo entre los gobernadores. Según su postura, no debería haber lugar para personalismos y la eventual candidatura tendría que surgir de un consenso que permita determinar quién está en mejores condiciones de representar a ese espacio.
El gobernador también recordó la experiencia de la Liga de Gobernadores y consideró que ese proceso se adelantó demasiado porque varios de sus integrantes comenzaron a plantear tempranamente sus aspiraciones presidenciales. A su entender, cuando varios gobernadores buscan simultáneamente convertirse en candidatos, las posibilidades de alcanzar un acuerdo se reducen.
Por último, Sáenz volvió a advertir que ningún dirigente tiene garantizado el voto de la sociedad. Vinculó esa incertidumbre con el nivel de hartazgo y desesperanza existente entre los ciudadanos y con la distancia entre las promesas realizadas por los políticos y los resultados posteriores.













