La aclaración está dirigida al público externo, buscando reducir tensiones. Existe una tendencia a realizar comparaciones, a menudo absurdas, que colocan a Messi bajo una presión de rendimiento de la que parecía haberse liberado tras su conquista en Qatar 2022. Se trata de una situación distinta a lo que conoce el capitán, quien también busca tachar ese item en su cuenta personal. No necesita demostrar nada más para quedar en la historia. Sin embargo, se enfrenta a un rival que, para muchos, supera incluso a Brasil en el ranking de clásicos mundiales. Esta rivalidad ha estado presente mucho antes de que Julián Álvarez anotara aquel gol impresionante en el suplementario ante Suiza.
Las frases sobre este encuentro se diseminan en conversaciones entre amigos y saturan las redes sociales. “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”, expresó alguna vez el campeón del mundo Jorge Valdano, fundamental aquel caluroso día en el estadio Azteca. Cuarenta años y tres partidos después –dos de ellos en mundiales, más un amistoso– se encontrarán nuevamente. Pero el sentimiento asociado a un triunfo sigue siendo el mismo. Es un partido cultural. Un fenómeno social.
Pablo César Aimar, actual asistente de Scaloni, lo ilustró magistralmente en una conversación con un periodista en diciembre de 2024. “Entiendo todo, respeto todo. Ahora, cuando me senté en el desnivel de mi casa a ver el Mundial 86, con los vecinos, porque había una sola tele, y el loco (Maradona) hace uno de los goles, no sé si el de Inglaterra, claro, al ver la reacción de todos, con esa cabeza de seis años, dije: ‘Quiero ser esto’. No sé qué más pasó en ese nene. Habré dicho: si no puedo, seré médico, lo que sea, alguna de las cosas relacionadas al fútbol, pero cómo no voy a querer ser eso, cómo no voy a querer desarrollar eso en mi vida”, aseguró.
En la actualidad, en la mayoría de los espacios de Argentina, ya no hay un solo televisor. Existen miles de pantallas. En hogares, edificios y en los dispositivos móviles de quienes celebran el gol de Lautaro Martínez, que asegura la clasificación a semifinales por quinta vez en este ciclo inmaculado de la Scaloneta. Y cada uno de estos momentos hace referencia a Inglaterra. Porque lo sucedido en las Islas Malvinas se convierte en una referencia cultural, al igual que el fútbol.
No hay forma más sencilla de explicárselo a los niños que juegan al fútbol o patean una botella durante los recreos escolares, tal vez inocentemente, sin entender la razón literal de por qué deben saltar para no ser considerados ingleses. Por qué un pueblo se une en un reclamo que jamás cesa. Por qué, cuando un grupo de combatientes desde Río Grande solicita una camiseta firmada por la selección, toda Argentina se une para hacérsela llegar a los jugadores, quienes responden de inmediato.
“Paren el mundo”, comunica la AFA en su sitio oficial al anunciar este cruce que se repetirá por sexta vez en los Mundiales. El sentimiento, se puede afirmar, se siente más propio que ajeno. Un repaso rápido por los portales más relevantes de Inglaterra confirma esta percepción. No hay referencias fuera de lo deportivo –y de Messi– que anticipen el partido del miércoles. Es simplista afirmar que una pelota puede influir en el estado de ánimo. En Argentina, esto es una realidad, tanto con la selección como con los clubes.
Serán semifinales marcadas por grandes estrellas y viejos conocidos. Para Argentina, este no es un partido banales. Es el partido del pueblo. La Scaloneta ha dejado en claro, desde hace tiempo, que es el reflejo de nuestra identidad.
La aclaración está dirigida al público externo, buscando reducir tensiones. Existe una tendencia a realizar comparaciones, a menudo absurdas, que colocan a Messi bajo una presión de rendimiento de la que parecía haberse liberado tras su conquista en Qatar 2022. Se trata de una situación distinta a lo que conoce el capitán, quien también busca tachar ese item en su cuenta personal. No necesita demostrar nada más para quedar en la historia. Sin embargo, se enfrenta a un rival que, para muchos, supera incluso a Brasil en el ranking de clásicos mundiales. Esta rivalidad ha estado presente mucho antes de que Julián Álvarez anotara aquel gol impresionante en el suplementario ante Suiza.
Las frases sobre este encuentro se diseminan en conversaciones entre amigos y saturan las redes sociales. “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”, expresó alguna vez el campeón del mundo Jorge Valdano, fundamental aquel caluroso día en el estadio Azteca. Cuarenta años y tres partidos después –dos de ellos en mundiales, más un amistoso– se encontrarán nuevamente. Pero el sentimiento asociado a un triunfo sigue siendo el mismo. Es un partido cultural. Un fenómeno social.
Pablo César Aimar, actual asistente de Scaloni, lo ilustró magistralmente en una conversación con un periodista en diciembre de 2024. “Entiendo todo, respeto todo. Ahora, cuando me senté en el desnivel de mi casa a ver el Mundial 86, con los vecinos, porque había una sola tele, y el loco (Maradona) hace uno de los goles, no sé si el de Inglaterra, claro, al ver la reacción de todos, con esa cabeza de seis años, dije: ‘Quiero ser esto’. No sé qué más pasó en ese nene. Habré dicho: si no puedo, seré médico, lo que sea, alguna de las cosas relacionadas al fútbol, pero cómo no voy a querer ser eso, cómo no voy a querer desarrollar eso en mi vida”, aseguró.
En la actualidad, en la mayoría de los espacios de Argentina, ya no hay un solo televisor. Existen miles de pantallas. En hogares, edificios y en los dispositivos móviles de quienes celebran el gol de Lautaro Martínez, que asegura la clasificación a semifinales por quinta vez en este ciclo inmaculado de la Scaloneta. Y cada uno de estos momentos hace referencia a Inglaterra. Porque lo sucedido en las Islas Malvinas se convierte en una referencia cultural, al igual que el fútbol.
No hay forma más sencilla de explicárselo a los niños que juegan al fútbol o patean una botella durante los recreos escolares, tal vez inocentemente, sin entender la razón literal de por qué deben saltar para no ser considerados ingleses. Por qué un pueblo se une en un reclamo que jamás cesa. Por qué, cuando un grupo de combatientes desde Río Grande solicita una camiseta firmada por la selección, toda Argentina se une para hacérsela llegar a los jugadores, quienes responden de inmediato.
“Paren el mundo”, comunica la AFA en su sitio oficial al anunciar este cruce que se repetirá por sexta vez en los Mundiales. El sentimiento, se puede afirmar, se siente más propio que ajeno. Un repaso rápido por los portales más relevantes de Inglaterra confirma esta percepción. No hay referencias fuera de lo deportivo –y de Messi– que anticipen el partido del miércoles. Es simplista afirmar que una pelota puede influir en el estado de ánimo. En Argentina, esto es una realidad, tanto con la selección como con los clubes.
Serán semifinales marcadas por grandes estrellas y viejos conocidos. Para Argentina, este no es un partido banales. Es el partido del pueblo. La Scaloneta ha dejado en claro, desde hace tiempo, que es el reflejo de nuestra identidad.












