La llegada de la familia quedó confirmada después de que Migraciones informara que había ingresado a la Argentina por el puente internacional Tancredo Neves. Sin embargo, la planificación del traslado se había mantenido bajo estricta reserva, al punto de que algunos integrantes del Gobierno habían negado públicamente que existiera una operación de esas características.
Tras conocerse los detalles, dirigentes y militantes libertarios difundieron mensajes en redes sociales que atribuyeron un papel central en las gestiones al asesor presidencial Santiago Caputo, quien habría seguido de cerca la salida del referente político brasileño.
La operación se produjo luego de la derrota electoral en la segunda vuelta del domingo en Brasil. Antes de ese desenlace, la Policía Federal había dispuesto que Bolsonaro entregara su pasaporte para impedir que abandonara el país. La posibilidad de una medida de ese tipo ya había sido mencionada por su hermano Eduardo ante un eventual resultado adverso.
La decisión judicial había sido adoptada por Alexandre de Moraes, integrante del Supremo Tribunal Federal de Brasil, en el marco de una investigación iniciada el 16 de octubre por presunto lavado de activos.
Mientras se desarrollaban las gestiones, la información sobre el destino de la familia era contradictoria incluso dentro del propio Gobierno argentino. Algunos funcionarios sostenían que Bolsonaro, su esposa y sus hijas habían viajado a Estados Unidos a través de Paraguay, una versión que quedó descartada durante la madrugada.
La difusión pública del operativo también generó malestar entre integrantes de la conducción política argentina, que preferían evitar una exposición mayor del asunto. La preocupación se centró en la circulación de información sobre una gestión que había sido manejada con reserva y en la falta de conocimiento de algunos sectores del Ejecutivo.
El traslado se concretó, además, cuando el Gobierno argentino todavía no había definido si otorgaría asilo al dirigente brasileño, derrotado en los comicios del domingo. En la Casa Rosada consideran que el episodio puede repercutir directamente en el vínculo bilateral con Brasil, una relación que ya atravesaba un período de deterioro.
La llegada de la familia quedó confirmada después de que Migraciones informara que había ingresado a la Argentina por el puente internacional Tancredo Neves. Sin embargo, la planificación del traslado se había mantenido bajo estricta reserva, al punto de que algunos integrantes del Gobierno habían negado públicamente que existiera una operación de esas características.
Tras conocerse los detalles, dirigentes y militantes libertarios difundieron mensajes en redes sociales que atribuyeron un papel central en las gestiones al asesor presidencial Santiago Caputo, quien habría seguido de cerca la salida del referente político brasileño.
La operación se produjo luego de la derrota electoral en la segunda vuelta del domingo en Brasil. Antes de ese desenlace, la Policía Federal había dispuesto que Bolsonaro entregara su pasaporte para impedir que abandonara el país. La posibilidad de una medida de ese tipo ya había sido mencionada por su hermano Eduardo ante un eventual resultado adverso.
La decisión judicial había sido adoptada por Alexandre de Moraes, integrante del Supremo Tribunal Federal de Brasil, en el marco de una investigación iniciada el 16 de octubre por presunto lavado de activos.
Mientras se desarrollaban las gestiones, la información sobre el destino de la familia era contradictoria incluso dentro del propio Gobierno argentino. Algunos funcionarios sostenían que Bolsonaro, su esposa y sus hijas habían viajado a Estados Unidos a través de Paraguay, una versión que quedó descartada durante la madrugada.
La difusión pública del operativo también generó malestar entre integrantes de la conducción política argentina, que preferían evitar una exposición mayor del asunto. La preocupación se centró en la circulación de información sobre una gestión que había sido manejada con reserva y en la falta de conocimiento de algunos sectores del Ejecutivo.
El traslado se concretó, además, cuando el Gobierno argentino todavía no había definido si otorgaría asilo al dirigente brasileño, derrotado en los comicios del domingo. En la Casa Rosada consideran que el episodio puede repercutir directamente en el vínculo bilateral con Brasil, una relación que ya atravesaba un período de deterioro.













