Desde la Casa Rosada descartaron que las diferencias con Washington vayan a derivar en un conflicto bilateral. Si bien reconocieron que no comparten la posición estadounidense y que la propuesta llegó en un momento inoportuno, sostuvieron que la decisión argentina de abstenerse responde a un criterio propio.
El Ejecutivo considera que la eliminación del comité no favorecería los intereses nacionales, ya que el organismo constituye un ámbito desde el cual Argentina puede continuar respaldando su reclamo jurídico de soberanía frente al Reino Unido. La discrepancia se produce en un contexto de estrecha relación política entre el presidente Javier Milei y su par estadounidense.
La cuestión Malvinas también coincide con las negociaciones legislativas en torno al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, impulsado por Milei. El oficialismo pretende llevar la iniciativa a la Cámara de Diputados durante las próximas semanas, aunque todavía no estableció una fecha para su tratamiento.
Tras recibir cuestionamientos de sectores de la oposición y de aliados parlamentarios sobre distintos puntos del texto, el Gobierno manifestó su disposición a introducir modificaciones para reunir los respaldos necesarios y avanzar con la propuesta.
En paralelo, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantuvo el miércoles una reunión en la Casa Rosada con el embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas. Durante el encuentro abordaron la relación bilateral y las oportunidades de desarrollo e inversión de empresas estadounidenses en el país.
Pese a las diferencias en torno al comité de la ONU, el Gobierno busca preservar el vínculo con Washington y mantener abiertos los canales de diálogo. En el entorno presidencial, sin embargo, no esperan avances significativos en el corto plazo respecto del reclamo argentino sobre las islas y consideran que la posición de Trump podría expresarse principalmente en el plano discursivo.
De esta manera, la administración de Milei intenta sostener su postura sobre Malvinas y, al mismo tiempo, evitar que la discrepancia con Estados Unidos afecte otros aspectos de la agenda bilateral.
Desde la Casa Rosada descartaron que las diferencias con Washington vayan a derivar en un conflicto bilateral. Si bien reconocieron que no comparten la posición estadounidense y que la propuesta llegó en un momento inoportuno, sostuvieron que la decisión argentina de abstenerse responde a un criterio propio.
El Ejecutivo considera que la eliminación del comité no favorecería los intereses nacionales, ya que el organismo constituye un ámbito desde el cual Argentina puede continuar respaldando su reclamo jurídico de soberanía frente al Reino Unido. La discrepancia se produce en un contexto de estrecha relación política entre el presidente Javier Milei y su par estadounidense.
La cuestión Malvinas también coincide con las negociaciones legislativas en torno al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, impulsado por Milei. El oficialismo pretende llevar la iniciativa a la Cámara de Diputados durante las próximas semanas, aunque todavía no estableció una fecha para su tratamiento.
Tras recibir cuestionamientos de sectores de la oposición y de aliados parlamentarios sobre distintos puntos del texto, el Gobierno manifestó su disposición a introducir modificaciones para reunir los respaldos necesarios y avanzar con la propuesta.
En paralelo, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantuvo el miércoles una reunión en la Casa Rosada con el embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas. Durante el encuentro abordaron la relación bilateral y las oportunidades de desarrollo e inversión de empresas estadounidenses en el país.
Pese a las diferencias en torno al comité de la ONU, el Gobierno busca preservar el vínculo con Washington y mantener abiertos los canales de diálogo. En el entorno presidencial, sin embargo, no esperan avances significativos en el corto plazo respecto del reclamo argentino sobre las islas y consideran que la posición de Trump podría expresarse principalmente en el plano discursivo.
De esta manera, la administración de Milei intenta sostener su postura sobre Malvinas y, al mismo tiempo, evitar que la discrepancia con Estados Unidos afecte otros aspectos de la agenda bilateral.













