Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, alrededor del 70% de la región se encuentra actualmente bajo condiciones de escasez hídrica o sequía. Las mejores reservas se concentran en el noreste bonaerense, mientras que buena parte del sector oeste necesita nuevas precipitaciones para recomponer los niveles de humedad.
El déficit se arrastra desde el invierno. Entre junio y agosto, los registros históricos de la región se ubican entre 50 y 150 milímetros, pero durante este año los mayores acumulados se concentraron en el noreste de Buenos Aires. Ramallo registró 160 milímetros y fue la única de las estaciones relevadas que alcanzó el promedio histórico, mientras que Baradero y Pergamino llegaron a 129 milímetros.
En el extremo opuesto, las localidades cordobesas de Noetinger y Pozo del Molle acumularon apenas 12 milímetros durante el período. La distribución irregular de las lluvias dejó al centro-oeste de la región con un déficit que no logró ser compensado por las precipitaciones registradas durante las últimas semanas del invierno.
El trigo es uno de los cultivos que ya muestra las consecuencias de este escenario. La proporción de lotes en condición excelente cayó siete puntos porcentuales y pasó a integrar el grupo de cultivos considerados buenos, que actualmente representa el 30% del área. En tanto, la superficie clasificada como regular se mantuvo estable y alcanza unas 160.000 hectáreas.
La falta de agua comienza a representar un riesgo para los rendimientos en una etapa clave del desarrollo del cereal. Cerca del 20% del área sembrada ya presenta las hojas bandera expandidas y otro 1% se encuentra en la fase de espiga embuchada. Un déficit hídrico durante estos períodos puede afectar tanto la cantidad como el peso final de los granos.
El maíz también enfrenta dificultades, aunque vinculadas principalmente con el avance de la siembra. Durante la última semana las labores progresaron 15 puntos porcentuales y alcanzaron el 55% del área prevista. Sin embargo, la escasez de humedad superficial demora los trabajos en el oeste de la región.
El avance se encuentra por debajo del registrado un año atrás. Para la misma fecha de la campaña anterior, la siembra de maíz había alcanzado el 60% del área proyectada.
La soja, en tanto, todavía tiene como referencia octubre para el inicio de las principales tareas, aunque los productores ya comenzaron con los preparativos. Entre los puntos de atención aparece la calidad de la semilla, en un contexto en el que las condiciones hídricas siguen siendo limitadas.
El comportamiento de las precipitaciones durante las próximas semanas será determinante para los cultivos. Las expectativas están puestas en una posible mejora de la disponibilidad de agua durante octubre, cuando el calentamiento del Pacífico Ecuatorial Central asociado al fenómeno de El Niño podría comenzar a influir sobre las lluvias en el centro del país.
El escenario plantea así un comienzo de primavera marcado por la falta de humedad en una parte importante de la principal zona agrícola, con el trigo atravesando etapas sensibles de definición de rendimiento y el maíz condicionado por la disponibilidad de agua para continuar con la siembra.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, alrededor del 70% de la región se encuentra actualmente bajo condiciones de escasez hídrica o sequía. Las mejores reservas se concentran en el noreste bonaerense, mientras que buena parte del sector oeste necesita nuevas precipitaciones para recomponer los niveles de humedad.
El déficit se arrastra desde el invierno. Entre junio y agosto, los registros históricos de la región se ubican entre 50 y 150 milímetros, pero durante este año los mayores acumulados se concentraron en el noreste de Buenos Aires. Ramallo registró 160 milímetros y fue la única de las estaciones relevadas que alcanzó el promedio histórico, mientras que Baradero y Pergamino llegaron a 129 milímetros.
En el extremo opuesto, las localidades cordobesas de Noetinger y Pozo del Molle acumularon apenas 12 milímetros durante el período. La distribución irregular de las lluvias dejó al centro-oeste de la región con un déficit que no logró ser compensado por las precipitaciones registradas durante las últimas semanas del invierno.
El trigo es uno de los cultivos que ya muestra las consecuencias de este escenario. La proporción de lotes en condición excelente cayó siete puntos porcentuales y pasó a integrar el grupo de cultivos considerados buenos, que actualmente representa el 30% del área. En tanto, la superficie clasificada como regular se mantuvo estable y alcanza unas 160.000 hectáreas.
La falta de agua comienza a representar un riesgo para los rendimientos en una etapa clave del desarrollo del cereal. Cerca del 20% del área sembrada ya presenta las hojas bandera expandidas y otro 1% se encuentra en la fase de espiga embuchada. Un déficit hídrico durante estos períodos puede afectar tanto la cantidad como el peso final de los granos.
El maíz también enfrenta dificultades, aunque vinculadas principalmente con el avance de la siembra. Durante la última semana las labores progresaron 15 puntos porcentuales y alcanzaron el 55% del área prevista. Sin embargo, la escasez de humedad superficial demora los trabajos en el oeste de la región.
El avance se encuentra por debajo del registrado un año atrás. Para la misma fecha de la campaña anterior, la siembra de maíz había alcanzado el 60% del área proyectada.
La soja, en tanto, todavía tiene como referencia octubre para el inicio de las principales tareas, aunque los productores ya comenzaron con los preparativos. Entre los puntos de atención aparece la calidad de la semilla, en un contexto en el que las condiciones hídricas siguen siendo limitadas.
El comportamiento de las precipitaciones durante las próximas semanas será determinante para los cultivos. Las expectativas están puestas en una posible mejora de la disponibilidad de agua durante octubre, cuando el calentamiento del Pacífico Ecuatorial Central asociado al fenómeno de El Niño podría comenzar a influir sobre las lluvias en el centro del país.
El escenario plantea así un comienzo de primavera marcado por la falta de humedad en una parte importante de la principal zona agrícola, con el trigo atravesando etapas sensibles de definición de rendimiento y el maíz condicionado por la disponibilidad de agua para continuar con la siembra.













